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Una nueva mirada a la obra de misericordia

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Опубликовано: 588 дней назад (7 мая 2016)
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Una nueva mirada a la obra de misericordia. La renuncia al Dios hebreo.
Y Jesús le enseñaba a todas las gentes que la anterior servidumbre a Dios mediante el oficio divino era un engaño y que a Dios había que servirlo mediante las acciones y la misericordia que se tiene hacia la gente.

Una vez, un sábado, Dios iba atravesando un campo con sus discípulos. Los fueristas y los fariseos, al ver esto le dijeron: -“Así no se hace el sábado. El sábado no se puede trabajar, pero ustedes están moliendo las espigas”. Jesús, al escuchar esto, les dijo: -“Si ustedes comprendieran lo que significa la frase que Dios le dijo al profeta de que “me contenta el amor entre la gente y no los sacrificios que se hacen por mí”, entonces no condenarían a los infelices. Y es que el sábado no está establecido por Dios, sino por la gente. Entonces quiere decir que el hombre es más importante que el sábado”.

Otro sábado, cuando Jesús profesaba en una reunión, una mujerona se le acercó y le pidió ayuda. Y Jesús comenzó a tratarla. Entonces un fuerista, quien era el jefe de la reunión, se enojó con Jesús y le dijo al pueblo: — “En la ley de Dios se dice que hay seis días en la semana para trabajar. Y Dios no ordenó trabajar el sábado”. Por lo que Jesús preguntó a los fueristas y fariseos: -“¿Qué? ¿Según ustedes, no se puede ayudar a una persona el sábado? Y ellos no supieron que contestar. Entonces Jesús dijo: “¿Acaso cada uno de ustedes no suelta el ganado de los corrales y no lo lleva a beber el sábado? Y si a alguien se le cae una oveja en un pozo, cualquiera va a sacarla rápidamente, aunque sea sábado. En efecto, el hombre es mejor que la oveja, aunque ustedes dicen que al hombre no se le puede ayudar. Entonces, según ustedes, qué hay que hacer el sábado: ¿Algo bondadoso o algo maligno?¿Salvar el alma o destruirla? Siempre hay que hacer el bien, incluso el sábado”.

Los fariseos y los fueristas desde Jerusalén acudieron a donde Cristo. Y vieron ellos que sus discípulos y él mismo comían pan todos juntos sin lavarse las manos. Y empezaron los fueristas a condenarlo por eso, pues ellos se conducen a la antigua, lavando la vajilla y si no la lavan, entonces no comen. Y así, sea del mercado o de la plaza, no comen nada sin lavarlo. (Issued for zolausa.info). Y los fueristas le preguntaron: -“¿Por qué usted no respeta las tradiciones y coge el pan sin lavarse las manos y se lo come?” Y él les dijo: -“Bien lo dijo sobre ustedes el profeta Isaias. Y Dios le dijo: — Debido a que el pueblo se arrodilla ante mí y sólo me adora de palabra, mientras su corazón está muy lejos de mí, y sólo porque el temor ante mí es sólo un mandamiento humano que se aprendió de memoria, sólo por eso hago una cosa asombrosa, extraordinaria; y la sabiduría de sus sabios desaparece, y la cordura de sus intelectuales se extingue. Es una desgracia para aquellos que se preocupan de ocultar sus deseos del Eterno y que hacen sus cosas en la oscuridad. Y así ustedes dejan lo que es importante en la ley, aquello que es un mandamiento de Dios, y cumplen sus órdenes, es decir, lavar las tazas. Moisés les dijo a ustedes: Respeten al padre y a la madre, y al que no les respete hay que castigarlo con la muerte. Y ustedes inventaron que cualquiera puede decir: yo le doy a Dios lo que le daba a mis padres y entonces puede dejar de alimentar al padre y a la madre. Así con sentencias humanas ustedes destruyen el mandamiento de Dios. Y así por el estilo hacen muchas cosas”.

Y Jesús llamó a todo el pueblo y le dijo: -“Escuchen todo y comprendan: no hay nada en el mundo que al entrar en una persona pueda hacerle miserable; pero aquello que salga de él sí lo hará miserable. Que haya amor y misericordia en el alma y entonces todo estará limpio. Intenten comprender esto”. Y cuando él regresó a casa, los discípulos le preguntaron qué querían decir estas palabras”. Y él les dijo: -“¿Es que ustedes no han comprendido eso? Acaso ustedes no comprenden que todo lo exterior, lo carnal, no puede manchar al hombre porque no le penetre el alma, sino el vientre. Penetra el vientre y después sale de él. Sólo lo que sale del hombre, lo que sale de su alma, le puede manchar. Porque del alma del hombre sale el mal: la basura, la obscenidad, el asesinato, la ladronería, la codicia, la rabia, la mentira, la desfachatez, la envidia, la calumnia, el orgullo, cualquier tontería. Toda esta crueldad sale del alma y sólo eso puede hacer miserable al hombre”.

Jesús enseña al pueblo que ha empezado una vida nueva, que Dios está en el mundo, en la tierra y esto es lo que le dice a todos; y a sus discípulos él le enseña que entre el hombre y Dios siempre están en contacto. Y a todos les enseña eso. Y todos están admirados con su doctrina porque él no enseña como los fueristas. Los fueristas enseñan a la gente a que se subordinen a las leyes de Dios, mientras que Dios enseña a la gente que ellos son libres.

Después llegó la pascua, Jesús fue a Jerusalén y entró en un templo. En el atrio había ganado: vacas, toros, ovejas y había también palomares con palomas; detrás del mostrador estaban los cambistas con dinero. Todo esto era necesario para ofrecer limosnas a Dios. Sacrificaban animales que ofrecían al templo, también daban dinero para el templo. En esto había cierta oración para los judíos. Jesús entró en el templo, movió el látigo y soltó todo el ganado del atrio, y soltó a todas las palomas y esparció todo el dinero, después ordenó a que no llevaran al templo nada de esto. El dijo: -“El profeta Isaias nos dijo que la Casa de Dios no era el templo en Jerusalén, sino todo el mundo de los creyentes en Dios. Y el profeta Jeremías también nos dijo que no creyéramos en los calumniosos discursos de que aquí está la casa de lo Eterno, la casa de lo Eterno, la casa de lo Eterno, no lo crean, y cambien su vida, no nos juzguen de un modo engañoso, no repriman al extraño, a la viuda, al huérfano, no derrame la sangre de los inocentes y no vengan a la casa de Dios y no digan: ahora nosotros podemos hacer tranquilamente vilezas. No convierta a mi casa en una guarida de forajidos”.

Y discutieron los judíos y le dicen a él: — “¿Si tú prohíbes nuestra oración y nuestra imagen de Dios, entonces que imagen de la oración darás tú? Y al dirigirse a ellos, Jesús les dijo: -“Abandonen este templo y yo en tres días construiré otro nuevo, un templo vivo dedicado a Dios”. Y los judíos dijeron: -¿Cómo podrás construir ahora un nuevo templo, cuando éste se construyó en cuarenta y seis años? Y Jesús dijo: -“Yo les hablo sobre lo que es más importante que un templo. Mejor que ustedes no digan eso si comprendieran lo que quieren decir las palabras del profeta: -Yo, Dios, no me alegro de sus víctimas, pero me alegro del amor entre ustedes. El templo vivo es todo el mundo de los creyentes en Dios cuando ellos se aman unos a los otros”.

Y entonces en Jerusalén mucha gente creyó en lo que él decía. Y el mismo no creía en nada externo porque conocía todo lo que estaba dentro del hombre. El no necesitaba que nadie le enseñara nada sobre el hombre porque el sabía que dentro del hombre estaba el espíritu divino. Los fueristas y los priostes escucharon todo esto y se buscaban como para arruinarlo, pero le temían porque todo el pueblo admiraba su doctrina.

Y se marchó Jesús de Judea otra vez en viaje a Galilea. Y tuvo que pasar por Samaria. Y pasó cerca de la aldea Sikar de Samaria, por al lado de aquel lugar que Jacobo le había dado a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Cansado de caminar Jesús se sentó en el brocal del pozo. Y sus discípulos fueron a la ciudad por pan. Y en eso viene una mujer de Sikar por agua. Jesús le pidió que diese de beber para saciar su sed. Ella le dice: -“¿Cómo es que me pides agua para saciar tu sed? ¿Acaso ustedes, los judíos, no nos tratan a nosotros, los samaritanos?” Y él le dice a ella: -Si tú me conocieras y supieras qué es lo que yo profeso, tú no me dirías esto, y me darías de beber y yo te daría agua de la vida eterna. El que beba de esta agua querrá beber otra vez y el que beba de mi agua saciará su sed, siempre estará satisfecho y esta agua mía le llevará a la vida eterna”. La mujer comprendió que él hablaba sobre lo divino y le dice: -“Veo que eres profeta, que quieres enseñarme, pero como me vas a enseñar lo divino cuando tú eres judío y yo soy samaritana. Los nuestros rezan a Dios en esta montaña y ustedes los judíos dicen que hay que rezar en Jerusalén. No puedes enseñarme lo divino porque nosotros tenemos un Dios y ustedes, otro”. Jesús entonces le dice: “Créeme, mujer, se acerca el tiempo cuando en esta montaña van a rezar a Dios y no en Jerusalén.

Ustedes rezan al que no conocen y nosotros rezamos al padre, al que no podemos dejar de conocer. Y se acercaba el tiempo y ahora llegó; los verdaderos creyentes en Dios van a admirar al padre en el espíritu y con las acciones. Esos son los creyentes que necesita Dios. Dios es el espíritu, y hay que admirarlo en el espíritu y con las acciones”. La mujer no comprendió lo que él le dijo a ella y le dijo: -“He oído decir que el enviado de Dios vendrá, aquel que le dicen el ungido. El entonces lo contará todo”. Entonces Jesús le dice: -“Yo soy aquel mismo que habla contigo. No esperes nada más”.

Después de eso Jesús fue a la tierra judía y allá, junto con los discípulos, profesaba. En aquel momento Juan purificaba a la gente al lado de Salim en el río Enone porque San Juan todavía no había sido encerrado en el calabozo.

Y se formó una discusión entre los discípulos de San Juan y los discípulos de Jesús sobre qué era lo mejor, la purificación de San Juan en el agua o la doctrina de Jesús. Y se acercaron a San Juan y le dijeron: “Vaya, tú purificas con agua, mientras que Jesús sólo enseña y todos van a donde él. ¿Qué puedes decir sobre él? Y San Juan dijo: — “El hombre de por sí no puede enseñar nada si Dios no lo enseña. El que diga lo terrenal, entonces es lo terrenal, y si alguien habla en nombre de Dios, entonces es en nombre de Dios. No se puede demostrar nada si las palabras que se dicen son de Dios o no son de Dios. Dios es el espíritu, no se le puede medir y no se puede demostrar. El que entienda las palabras de Dios, asimismo demuestra que él comprendió a Dios”.

Una vez Jesús vio a un rentista recaudando dinero. El rentista se llamaba Mateo. Jesús se puso a hablar con él y Mateo lo comprendió, le gustó mucho su doctrina y le invitó a que le visitara. Mateo le agasajó. Cuando Jesús fue a visitar a Mateo llegaron también unos amigos de este último, unos rentistas y unos bigardos. Jesús no se repugnó por ellos. El se sentó junto ellos al igual que sus discípulos. Ahora bien, los fueristas fariseos vieron esto y le dijeron a los discípulos de Jesús: ¿Cómo es que su maestro de ustedes banquetea con los rentistas y los bigardos? Jesús, al escuchar esto, dijo: -“El que se jacta de su salud no necesita médico y el que esté enfermo lo necesita y no quiero transformar a aquellos que se consideran religiosos y piensan que ellos en realidad viven en la verdad. Yo enseño a aquellos que piensan que viven en el pecado”.

Y después llegó un fariseo que le invitó a desayunar. El entró y se sentó a la mesa. El fariseo se dio cuenta de que él no se lavó antes de desayunar y se sorprendió. Entonces Jesús le dice: — “Fariseo, ¿usted lo lava todo por fuera, y lo tiene usted todo limpio por dentro? Tenga piedad con la gente y todo estará limpio”. Y mientras él estaba sentado en la casa del fariseo, una mujer de vida libertina vino de la ciudad. Ella se había enterado de que Jesús estaba en casa del fariseo y por eso vino allí trayendo consigo un frasco con perfume. Y se arrodilló ante él, rompió a llorar y lavó sus pies, con las lágrimas que secó con sus cabellos y roció con perfume del frasco. Al ver eso, el fariseo pensó para sí: es poco probable que sea profeta y si con seguridad que si fuera profeta, él supiera que clase de mujer le lavaría los pies, él podría saber que ella se trataba de una mujer de vida libertina y no le hubiera permitido que le tocara. Jesús se dio cuenta, giró hacia él y le dijo: -“¿Quieres que te diga lo que yo pienso, Simón? “Dilo”, contestó Simón. Y Jesús le dice: -“Así pues, dos hombres se consideraban deudores a un amo, uno le debía 500 monedas y el otro, 50. Y ni uno ni el otro tenían con qué devolver la deuda. El amo perdonó a ambos. Bien, ¿qué crees tú, cuál de ellos va a respetar al amo y a cuidar de él? Simón le dice: “Está claro, aquel que le debía más”. Jesús señaló hacia la mujer y dijo: -“Eso es, tú y esta mujer. Tú consideras que no debes mucho y ella considera que sí debe mucho. Yo he venido a tu casa y tú no me has dado agua para lavarme los pies; ella me los lava con sus lágrimas y me los seca con sus cabellos. Tú no me besaste y ella besa mis pies; tú no me has dado aceite para untar en la cabeza, mientras que ella rocía mis pies con perfume caro. Aquel que considera que no tiene que perdonar nada a nadie, ese no quiere a nadie. Aquel que considera que es muy culpable, ese quiere mucho. Y por amor todo se perdona”. Y le dijo a ella: “Tus pecados están perdonados”. Y Jesús dijo: “El asunto consiste en quién se considera cada cual. El que se considera bondadoso no será bueno, mientras que el que se considere tonto, ese es el bueno”. Y les contó Jesús una parábola: “Vinieron una vez a rezar a un templo dos hombres. Un fariseo y un facineroso. El fariseo rezaba así: Te agradezco, Señor, que yo no soy como los demás: no soy tacaño, ni mentiroso, ni depravado, ni tan canalla como aquel rentista. Estoy en ayuno dos veces a la semana y de la hacienda hago entrega de un diezmo. Y el facineroso se detuvo a cierta distancia y no se atrevió a mirar al cielo y sólo se golpeaba el pecho y repetía:-¡Dios, vuelve la vista hacia mí, granuja! Pues bien, al facineroso se le perdonó más que al fariseo porque el que se alaba se rebaja, y el que se rebaja, se alaba”.

Después de esto vinieron a ver a Jesús sus discípulos y le dijeron: “¿Por qué los fueristas y nosotros ayunamos tanto, y tú y tus discípulos no ayunan?” Y Jesús les dijo: “Mientras el novio está en la boda nadie se aflige. Sólo cuando no hay novio, entonces se afligen. Si hay vida, entonces no hay que afligirse”.

Y Jesús también dijo: -“Nadie desgarra un pedazo de tela de la ropa nueva para coserlo a la vieja, pues así romperá la nueva y no arreglará la vieja. Así nosotros no podemos aceptar sus ayunos. Y no se puede verter el vino nuevo en pieles viejas, pues entonces el vino se sale. El vino nuevo hay que verterlo en pieles nuevas y así las dos cosas quedarán enteras”.

Y corrió la fama sobre Jesús y él fue admirado por todos. Así que el pueblo le retenía para que él no se marchara. Pero él dijo que había venido a anunciar la bendición no a una sola ciudad, sino a todas las gentes. Y él siguió adelante por la ribera. Y mucha gente iba detrás de él desde diferentes ciudades. Y él ayudaba a todos. Y él pasaba por las ciudades y pueblos, por doquier anunciando el Reino de Dios y librando a la gente de todos los sufrimientos e inmundicias. Pues en Jesús se cumplieron las profecías de Isaias acerca de que el pueblo que vivía en la oscuridad, en la penumbra de la muerte, vio la luz de la vida y acerca de que aquel que trajo la luz de la verdad no oprimirá al pueblo y no le causará ningún daño, de que él es piadoso y pacífico, que él existe para llevar la verdad al mundo, no discute, no grita, no levanta su voz alta, no rompe una pajita y no sopla la lamparilla y que toda la esperanza de la gente está en él.
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