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León Tolstoi. El Evangelio. Conclusión.

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Опубликовано: 611 дней назад (15 апреля 2016)
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Conclusión sobre el estudio de Evangelio.

Con la palabra “fin” también se pone fin a Evangelio. Para aquellos que la evangelidad de Jesús consistía en que él no era como los demás, su resurrección sólo podía demostrar que él no era como los demás y sólo eso.

Pero sólo aquellos que vieron como murió Jesús, se convencieron de que él murió y después vieron que él estaba vivo y se convencieron de que él lo estaba.

Pero según la descripción de los evangelistas, no había gente así. Según la descripción de esta gente, Jesús apareció como un sueño, como una visión.

Pero supongamos que él apareció en carne y hueso y que Tomás puso sus dedos en las heridas de Jesús. Bueno y ¿qué le demostró eso a Tomás? Sólo que Jesús no era una persona como las demás. Pero bien, ¿qué resultaba de que él no fuera una persona como las demás? Sólo que a la gente que era como otras les era muy difícil, o les era imposible hacerlo, y esto lo convertía en un ser singular. Pero si incluso hubiera sido necesario convencer a la gente de que él no era como las demás personas, su aparición ante Tomás, ante decenas o cientos de personas no hubiera podido convencer a otros que no hayan visto la resurrección; los discípulos sólo hablaban de la resurrección, pero es que se puede hablar de muchas cosas. Para creer en los relatos de los discípulos era necesario que ellos confirmaran con algo la veracidad de estos.

Pues bien, los discípulos, para demostrar la autenticidad de sus relatos, contaron que sobre ellos bajaron lenguas de fuego, que ellos mismos eran capaces de hacer maravillas, curar y resucitar; esto es lo mismo, es decir, que bajaron lenguas de fuego, que los discípulos resucitaban y curaban, se confirmaba por los discípulos de los discípulos con nuevas maravillas y así hasta las reliquias de nuestro tiempo. Los aduladores curan y resucitan, así que resulta que la divinidad de Cristo se demuestra con relatos sobre acontecimientos extraordinarios, que al mismo tiempo se basan en relatos sobre otros acontecimientos extraordinarios, pero estos últimos no han sido visto por geste que estuviera en sus cabales.

Bien, Cristo resucitó, se presentó y subió a los cielos, ¿Para qué hizo eso? ¿Explicó algo con eso? Nada. ¿Añadió algo eso a su enseñanza? Pues tampoco añadió nada, excepto la necesidad de inventar nuevas maravillas innecesarias para confirmar otra maravilla inventada e innecesaria.

Hemos visto, leído y leemos sobre la enseñanza de Cristo antes de su resurrección y en los lugares más inesperados de esta enseñanza se da luz a la verdad que el proclamo al mundo. Por muy torpe que hayan interpretado los copistas del Evangelio la enseñanza, ellos transmiten las palabras y acciones del hombre conocido como Jesús y el mundo nos sorprende.

¿Qué se añadió a la enseñanza después de la resurrección? ¿Qué hizo y dijo Cristo después de la resurrección? Es incomprensible para qué él aparece ante Narí Magdalena, a la cual le expulsó los demonios y le dijo a ella que no le tocara, pues él todavía no había entrado en el Padre. Después apareció ante las mujeres y les dijo que después él aparecería ante sus hermanos. Seguidamente aparece ante los discípulos y les explica algo en nombre de Moisés sobre toda la escritura. Pero resulta que ellos o lo ven o no lo ven a él. Después aparece ante los discípulos y los reprocha de no creer, les enseña su costado y les sopla y después resulta que les serán perdonados los pecados a aquellos que ellos se los perdonan. Después Tomás apareció y de nuevo no dijo nada. Después se puso a pescar y pescó mucho con los discípulos, frieron los pescados y le dijo a Pedro tres veces: pastorea mis ovejas y le predijo la muerte a Pedro. Después apareció ante 500 hermanos de una vez y no les dijo nada. Después dijo, que a él le está dado el poder en el cielo y en la tierra y que por eso hay que bautizar en nombre del Padre, del hijo y del espíritu santo, y el que se bautice se salvará y que ellos y aquellos a los que le entreguen este espíritu, tomarán la serpiente con las manos y beberán el veneno sin perjuicio y hablarán en todos los idiomas, lo que, claro está, ellos no hacían y no hacen. Y después subió al cielo y no dijo nada más. Para que había que resucitar para hacer y decir todas estas tonterías.

Así que:

La resurrección, al igual que cualquier relato sobre algo por el espíritu , cosa que es imposible dejar de entenderla y no puede demostrar nada.
La resurrección, al igual que cualquier otro milagro, si alguien la vio, puede demostrar sólo que tuvo lugar algo en contra de las leyes de la cordura y que la persona sometida al milagro, fue sometida a algo extraordinario, y nada más. Si en base a un milagro llegan a la conclusión de que el hombre que no se ajusta a las leyes del raciocinio es una persona singular; esta conclusión es correcta para aquellos que hacen un milagro y mientras ellos lo hagan. El relato sobre el milagro no puede convencer a nadie y la verdad hay que confirmarla con otro milagro que tuvo lugar con el relator. La confirmación de la veracidad del milagro conlleva inevitablemente la invención de nuevos milagros para la confirmación de la veracidad del relator de nuevos milagros hasta nuestro tiempo, en el que nosotros vemos claramente que no hay milagros y en calidad de milagro inventado de nuestro tiempo, así debían de haber estado inventados los milagros de antes. El relato sobre el milagro de Cristo pone al descubierto su falsedad, aún más tomando en consideración que el relato se caracteriza claramente por su invariabilidad, insignificancia, es una tontería en comparación con la descripción anterior de la vida de Cristo y demuestra claramente que el relato de la vida actual de Cristo tenía como fundamento la vida real, llena de profundidad y santidad; el relato sobre la resurrección y acciones ficticias y sermones después de él, ya no tenía fundamento vital, sino que estaba todo inventado.
Independiente de lo mal redactado e invariable esté la descripción de la vida de Cristo, la santidad de la vida de Cristo y la altura de su personalidad, transluce a los escritores a través de lo burdo y de lo invariable. Pero cuando en el fundamento de la descripción ya no hay nada verdadero y hay sólo las invenciones de los escritores, entonces lo burdo y lo invariable se ponen totalmente al descubierto. Al parecer, ellos supieron resucitarlo, pero no pudieron hacer que él dijera e hiciera algo digno de él.

El milagro de la resurrección es directamente contrario a la enseñanza de Cristo, por eso era difícil obligar a Jesús a decir algo digno de él después de la resurrección, que es lo mismo que la idea de que él pudo haber resucitado, es directamente opuesto a todo el sentido de su enseñanza.
Hay que no comprender del todo su enseñanza para hablar sobre la posibilidad de su resurrección en carne.

El incluso negaba expresamente la resurrección, explicando como había que comprender la resurrección de la que hablaban los hebreos. (Lucas. XX, 37,38). ¿Cómo resucitan los muertos?, les preguntó él, y Moisés lo enseñó en la zarza ardiente, cuando denominó Dios al Dios de Abrahán y Dios de Isaac al Dios de Jakob. Dios no es Dios de los muertos, sino Dios de los vivos, pues para Dios todos están vivos.

Él dijo: el espíritu vivifica y la carne no usa absolutamente nada.
Él dijo: yo soy pan vivo que bajó del cielo.
Él dijo: yo soy el camino, la verdad y la vida.
Él dijo: yo soy la resurrección y la vida.
Y a él, a quien enseñaron que él es lo que está enviado al mundo por Dios para dar la vida a las gentes; aquello que da la vida, aquello que es el espíritu, aquello que no muere, aquello que regresa a la gente como el espíritu de la verdad. Sobre eso mismo se entendió de manera tal que eso debe resucitar en el cuerpo.

Y exactamente así, como lo pudo hacer aquel Jesús que se alegraba de que su origen procedía del padre, aquel Jesús que dijo al morir: “pongo en tus manos mi alma”, ¿qué pudo hacer y decir cuando lo imaginaron resucitado en el cuerpo? Está claro que todo contradice a su enseñanza. Así era exactamente. Esta leyenda sobre la resurrección expresada en los últimos capítulos de los Evangelios, que no contenía el fundamento de la vida y de las palabras de Cristo y que pertenece toda a las teorías sobre la vida y enseñanza de Jesús de los copistas de los Evangelios, es admirable y didáctica en que estos capítulos nos enseñan claramente el grosor de aquella capa de incomprensión con que está cubierta toda la descripción de la vida y la enseñanza de Jesús, como un cuadro precioso haya sido pintado con una capa de pintura en aquellos lugares donde la pintura cayó en una pared descubierta, demostrarían claramente el grosor de la capa que cubre el cuadro.

La historia de la resurrección nos da la llave de la comprensión y explicación de todas las maravillas con que está saturado el Evangelio, así como aquellas palabras y conceptos contradictorios que con frecuencia destruyen el sentido de los mejores lugares de la enseñanza. No se sabe quién escribió cuatro Evangelios y la historia de la crítica ya llegó al convencimiento de que no nos enteraremos nunca de esto. Pueden existir suposiciones más o menos verosímiles sobre el tiempo y lugar. Se supone que algún Evangelio o alguna parte fue copiada de otro, pero su origen se desconoce. No podemos juzgar sobre la veracidad de los Evangelios, pero podemos juzgar sobre las cualidades de los libros propiamente dichos. Podemos juzgar sobre lo que sirvió de fundamento a las creencias religiosas y que no ejerció influencia en estas creencias.

De esta parte vemos en los Evangelios dos cosas que dividen diametralmente las exposiciones: una es la exposición de la enseñanza, otra es el intento de demostrar la veracidad de la enseñanza o de demostrar la importancia de la enseñanza, es decir, de los milagros, de las profecías y de los pronósticos. Esta parte incluye todos los milagros, así como el milagro principal: la resurrección. En la descripción de la resurrección, así como en el acontecimiento inventado sin fundamento alguno, es más fácil seguir las formas de composición de estas leyendas y porqué se aceptan; así como las formas de su composición y las consecuencias. El origen de la leyenda de la resurrección fue una verificación de la franqueza de los escritores (excluyendo a Lucas), y este origen está escrito en los Evangelios de un modo tan claro, que cualquiera persona que no esté infundida en una idea preconcebida no puede dejar de ver el germen más natural de la leyenda, de una leyenda como la que está alrededor de nosotros y que surgen a diario y los cuentos y milagros de las reliquias, de los devotos y hechiceros. Los relatos y artículos sobre el espiritismo, sobre una señorita que se materializó y que bailó, es mucho más exacto y están relatados de una forma que los confirma más que la historia de la resurrección.

La historia del surgimiento de esta leyenda es lo más claro posible. El sábado fueron a ver el ataúd. El cuerpo no estaba. El evangelista Juan relata lo que otros dijeron, que el cuerpo de Cristo fue sacado por los discípulos. Las mujeres se acercan al ataúd, una, María la pichosa, de la cual se habían expulsado siete demonios, fue la primera en relatar lo que vio al lado del ataúd: bien a un jardinero, bien a un ángel, bien a él mismo. El relato pasa de cotilla en cotilla y llega a los discípulos. Al pasar 80 años cuentan que lo vieron este y aquel, aquí y allá, pero todos los relatos son entrecortados y poco precisos. Ninguno de los discípulos inventa, todo es fehaciente, pero nadie que respete su memoria se atreve a contradecir lo que se inclina, en opinión de ellos, hacia su gloria y, lo principal, hacia el convencimiento de otros de que él desciende de Dios, que el es el predilecto de Dios y de que Dios hizo la señal de la cruz en su honor. A ellos les parece que la mejor prueba es que la leyenda aumenta y se propaga.

La leyenda coadyuva a la propagación de la enseñanza, pero la leyenda es una mentira y la enseñanza es la verdad. Y por eso la enseñanza se transmite no en toda la pureza de la verdad, sino con inclinación a la mentira. La mentira provoca otra mentira para su confirmación. Las nuevas leyendas falsas sobre los milagros se relatan para confirmar la primera leyenda mentirosa. Aparecieron las leyendas sobre los milagros de los seguidores de Cristo y sobre los milagros que le precedieron: su concepción, nacimiento, toda su vida y la enseñanza, todo se mezcla con la verdad. Todo el relato sobre su vida está recubierto con una capa de pintura de lo maravilloso, lo cual opaca la enseñanza.

Los nuevos creyentes se unieron a la fe de Cristo ya no tanto como resultado de su enseñanza, sino como resultado de la fe en lo milagroso de su vida y de sus acciones. Y llega el horrible tiempo cuando surge el concepto de otra fe, sobre la que habló Cristo (la inminencia interna del convencimiento que se convierte en el fundamento de la vida), de la fe como resultado de la voluntad ante la cual se puede decir: yo ordeno creer, quiero creer, tú debes creer. Llega el momento cuando todas las leyendas calumniosas ocupan el lugar de la enseñanza, todo se junta en una cosa, se forman y se expresan como un dogma, es decir, como una orden.

El tumulto, el burdo tumulto se domina por la enseñanza y, cubriéndolo con su falsa leyenda, lo opaca. Pero, a pesar de todos los esfuerzos del tumulto, las gente electa, a través de todo lo sucio de la mentira, ve la verdad y la lleva en toda su pureza a través de los siglos y de los esfuerzos de la mentira, y de esta forma la enseñanza llega a nosotros.

Aquel que ahora en nuestra época, sea católico, protestante, ortodoxo, molocano, shtundista, verdugo, castrado, racionalista; independientemente de su creencia, aquel que ahora lee el Evangelio, se encuentra en una situación extraña.

Aquel que no cierra los ojos premeditadamente no puede dejar de ver que si todo lo que conocemos y de que vivimos no está aquí, entonces, al menos ve algo muy sabio e importante. Pero esto sabio e importante está expresado de un modo tan indecente, tan torcido, como dijo Goethe, que él no conoce otro libro escrito tan mal como el Evangelio y que esté ocultado tras tanta basura, deformes, tontas y no poéticas leyendas, mientras que los inteligente e importante está tan fuertemente ligado con estas leyendas, que no sabes que hacer con este libro.

La única interpretación existente de este libro es la que dan las diferentes iglesias. Estas interpretaciones están saturadas de insensateces y contradicciones, de tal modo que inicialmente a cada uno se le plantean dos salidas: habiéndose enfadado con los piojos, tirar el abrigo de piel al horno, es decir, renunciar a todo por su insensatez, lo que hacen el 99%, o dominar la cordura propia que es lo que la iglesia ordena hacer, y adoptar junto con lo sabio e importante, todo lo tonto e insignificante, que es lo que hace un 1% de la gente que no tiene opinión propia o saben ocultar los ojos de manera tal para no ver lo que no quieren ver. Pero esta salida no es robusta. Basta con mostrarle a estas gentes lo que no querían ver, que quieran o no quieran, tiran la calumnia junto con la verdad que estaba mezclada con esta. Y lo peor de todo es que lo falso ligado con la verdad, está mezclada no por los enemigos de la verdad, sino por sus primeros amigos; es decir, aquello que esto falsa se consideraba y fue la primera arma de propagación de la verdad.

La mentira sobre la resurrección de Cristo era en la época de los apóstoles y víctimas de los primeros siglos el motivo principal para no creer en la enseñanza. Los paganos en todas las leyendas sobre las víctimas cristianas les consideran en todas las épocas le califican de gentes que creen en que Jesús crucificado resucitó y se ríen legítimamente de esto. Pero los cristianos no vieron esto tampoco al igual que los curas en Kiev no ven que sus reliquias rellenas con paja son la esencia, por un lado, del estímulo de la fe, y por otro son el obstáculo principal para la fe.

En aquel entonces, en los primeros años del cristianismo, no se puede negar que estos relatos no eran necesarios; estoy dispuesto a estar de acuerdo en que estos coadyuvaron a la propagación y reafirmación de la enseñanza. Yo me puedo imaginar que gracias a la seguridad en el milagro la gente comprendían su importancia y recurrían a esta. El milagro no era una muestra de la veracidad, era una muestra de la importancia del asunto.

El milagro obligaba a prestar atención, el milagro constituía una publicidad.

Todo lo que pasó había sido augurado, una voz se escucha desde el cielo, los enfermos sanan, los muertos resucitan, ¿cómo no vamos a prestar atención y dejar de examinar detenidamente la enseñanza? Y una vez que hemos prestado atención, su verdad penetra el alma, pero los milagros son mera publicidad. Así la mentira fue útil. Pero ella podía ser útil sólo a principios y era útil sólo porque estaba dirigida hacia la verdad. Si no hubiera habido mentira del todo, es posible, la enseñanza se hubiera propagado aún más rápido. Pero no debemos juzgar lo que hubiera podido pasar. La mentira de aquella época sobre los milagros se puede comparar con el supuesto hecho de que un hombre sembró un bosque y en este lugar puso un anuncio que aseveraba que el bosque fue plantado por Dios y el que no crea que aquí hay un bosque será comido por un monstruo. La gente creería en esto y no pisotearían el bosque. Esto es útil y podría haber sido en su tiempo cuando no existía el bosque, pero cuando el bosque creció, claro está, que lo que era útil dejó de serlo y, al igual que una mentira, se convirtió en algo perjudicial. Lo mismo pasa con la fe en los milagros basada en la enseñanza: la fe en estos ayudaba a la propagación de la enseñanza y por eso pudo haber sido útil. Pero cuando la enseñanza se propagó, se reafirmó, y la fe en los milagros dejó de ser útil y se convirtió en algo perjudicial.

Mientras creían en los milagros y la mentira, resultó que la enseñanza se reafirmó de tal manera que su reafirmación y propagación se convirtió en la muestra más fehaciente de su veracidad. La enseñanza pasó siglos consolidada, todos estaban de acuerdo con ella, y las muestras exteriores, milagrosas de su veracidad constituyen ahora el primer obstáculo para la percepción de la enseñanza. Para nosotros ahora las pruebas de la veracidad e importancia de la enseñanza de Cristo son sólo un impedimento para ver la importancia de Cristo. Su existencia durante 1800 años (adv.: momento en que León Tolstoi escribió este artículo, zolausa.info) entre miles de millones de personas nos indica su importancia. Puede ser que haya que decir que el bosque fue plantado por Dios y el monstruo lo cuida, mientras que Dios los protege, puede ser que eso era necesario cuando el bosque aún no existía, pero ahora yo vivo en este bosque de 1800 años cuando ya ha crecido y me rodea por todas partes.

Yo no necesito pruebas de que existe, de que él existe, pues él existe. Pues así dejamos todo lo que en un momento hizo falta para cultivar ese bosque, es decir, la formación de la enseñanza de Cristo. Hacía falta muchas cosas, pero no se trataba de investigar cómo se formó la enseñanza, el asunto se trata del sentido de la enseñanza. Ocupa a la historia estudiar cómo se formó la enseñanza; para comprender el sentido de la enseñanza no son necesarios los razonamientos sobre los métodos que se aplicaron para reafirmar la veracidad de la enseñanza.

Los cuatro Evangelios son como un cuadro maravilloso, que para objetivos temporales están cubiertas con una capa de pintura oscura. Esta capa está aplicada a las dos partes del cuadro: una capa en crudo, es decir, antes del nacimiento de Cristo: todas las leyendas sobre Juan el Bautista, sobre la concepción, nacimiento; después otra capa aplicada sobre el cuadro: los milagros, las profecías, las predicciones y después otra capa en crudo: las leyendas sobre la resurrección, las acciones de los apóstoles, etc. Al conocer el grosor de la capa, su composición, hay que escarbarla donde está aplicada en crudo y especialmente claro sobre la leyenda de la resurrección, despegarla cuidadosamente de todo el cuadro; sólo entonces la comprenderemos en toda su importancia, y esto es lo que intento hacer.

Mi razonamiento es el siguiente: el Evangelio está compuesto de dos partes con objetivos diferentes. Una es la exposición de la enseñanza de Cristo; la otra, son las pruebas de la importancia, de la divinidad de esta enseñanza. Todas las iglesias están de acuerdo con esto. Las pruebas de lo importante, de la divinidad de la enseñanza de Cristo están basadas en el reconocimiento de la veracidad de la enseñanza (con lo que la iglesia también está de acuerdo claramente) y en las pruebas históricas externas. Las iglesias no pueden dejar de estar de acuerdo con que las pruebas de la relevancia, importancia, de la divinidad de la enseñanza, acopiadas en los Evangelios en los primeros momentos de la enseñanza y que pueden, por su esencia, convencer sólo a los testigos presenciales en nuestros días, producen un objetivo contrario, impiden a que se llegue a la esencia, a la fe en la enseñanza de la iglesia sobre los no enemigos de Cristo, pero a la gente sinceramente creyentes en la enseñanza. Las iglesias tampoco pueden dejar de estar de acuerdo con que el objetivo de estas pruebas sobre la importancia está en el convencimiento de la veracidad de la enseñanza y de que si se presentara otras cosa excepto las pruebas internas, las pruebas históricas exteriores sobre la importancia de la enseñanza, de un modo completo, indiscutible y claro, entonces debería dejar las pruebas que provoquen desconfianza y que constituyen un obstáculo para la propagación de la enseñanza, sostener una prueba irrefutable y clara de la importancia.

Esta prueba, la cual no existía en los primeros momentos, es la propagación de la enseñanza en sí que penetró todo el conocimiento humano y que sirve de fundamento de la vida humana y que se propaga permanentemente, así que para comprender la enseñanza, no sólo se puede, sino que es indispensable apartar de la enseñanza aquellas pruebas de su veracidad que se sustituyen por otras pruebas inequívocas que no dan nada para la comprensión de la enseñanza y sirven de obstáculo principal para comprenderla. Incluso si esas pruebas no fueran perjudiciales, está claro que ya no serían necesarias, pues tienen otro objetivo y no pueden añadir nada a la enseñanza.

León Tolstoi. El Evangelio.

Traducción de Arturo Castro
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