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La lucha contra las tentaciones

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Опубликовано: 467 дней назад (7 мая 2016)
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Después de esto los pastores y obispos intentaron ganarse la confianza de Jesús para después, de algún modo, destruirlo. Ellos se reunieron en el consejo y empezaron a juzgar; ellos decían: hay que detener a este hombre por todos los medios. El demuestra su doctrina de manera tal que si lo dejamos, todos creerán en él y abandonarán nuestra creencia. Ya la mitad del pueblo cree en él.

Y si los judíos creen en su enseñanza de que el hombre es hijo de Dios y que no está obligado a subordinarse a nadie, que todos los pueblos son hermanos, que en nuestro pueblo hebreo no hay nada que nos diferencie de otros pueblos, entonces los romanos seguramente nos llevarán y destruirán todas nuestras leyes y toda nuestra creencia; entonces no habrá más reino hebreo.

Y largo tiempo se aconsejaron los pastores, los obispos y los científicos, pero no había modo de que pudieran decidir qué hacer con él. Ellos no se decidían a matarlo. Y entonces uno de ellos, Caifás, quien era pontífice este año, ideó una cosa. Él les dijo una cosa: hay que recordar lo siguiente: es útil matar a un hombre para que no muera todo el pueblo. Si dejamos a este hombre, entonces morirá todo el pueblo; es lo que les predigo y por eso es mejor matar a Jesús. Y si incluso no matamos a Jesús, el pueblo se dispersa de todos modos y se separará de la creencia única. Por eso es mejor matarlo. Y cuando Caifás dijo esto, entonces todos decidieron que no había que titubear y de todos modos había que matar a Jesús. Ellos matarían a Jesús ahora mismo, pero él se escondió de ellos en el desierto.

En esos días se acercaba la fiesta de Pascua y mucha gente se reunió en Jerusalén para asistir a la fiesta. Los pastores y los obispos esperaban que Jesús viniera a la fiesta con el pueblo. Y entonces ellos anunciaron al pueblo que si alguien veía a Jesús, que lo trajera a donde estaban ellos. Y fue exactamente así. Poco antes de la Pascua dijo Jesús a los discípulos: vamos a Jerusalén y fue con ellos. Y los discípulos le dijeron a él: vamos a Jerusalén. Los obispos decidieron apedrearte. Si vienes, ellos te matarán. (Issued for zolausa.info).Y Jesús les dijo: yo no puedo temer a nada porque vivo en el mundo de la comprensión. Soy como cualquier otra persona que para no tropezar anda de día y no de noche, pues cualquier hombre para no dudar en nada y no temer, puede vivir en la comprensión. Sólo duda y teme aquel que vive en lo carnal, y el que vive en la comprensión, para ese no hay nada dudoso ni terrible.

Con seis días de antelación vino Jesús a la aldea de Betania, cerca de Jerusalén, a ver a Marfa y a María; las hermanas le prepararon la cena. Y cuando él cenaba, Marfa le curaba y María tomó una libra de aceite virgen y caro que se lo untaba en sus pies y lo secaba con sus cabellos. Y cuando por todo el aposento se propagó el olor a aceite, Judas Iscariote dijo: en vano María gastó el aceite caro. Mejor hubiera sido venderlo por 300 grivnas para dárselas a los pobres. Y Jesús dijo: ustedes todavía tendrán pobres, pero yo pronto dejaré de existir. Ella ha hecho bien esto. Ella preparó mi cuerpo para la sepultura.

Por la mañana Jesús fue a Jerusalén. En la fiesta había mucha gente. Y cuando reconocieron a Jesús, lo rodearon, comenzaron a arrancar ramas de los árboles, a tirar su ropa en el camino y todos gritaban: este es nuestro rey verdadero. Jesús subió al burrito y partió en él; el pueblo iba corriendo delante de él y gritaba- Y así entró Jesús en Jerusalén. Y cuando él entró así en la ciudad, se alarmó todo el pueblo que preguntaba: ¿quién es ese? Y aquellos que le conocían respondían: es Jesús, el profeta de Nazaret Galileo.

Y entró Jesús en el templo y expulso a todos los vendedores y compradores de ahí. Y vieron todo esto los pastores y los obispos que se dijeron unos a los otros: vean lo que hace este hombre. Todo el pueblo va detrás de él. Pero no se atrevieron ellos a sacarlo del pueblo porque vieron que el pueblo se pegó a él e inventaron como dominarlo con astucia. Mientras tanto, Jesús estaba en el templo y enseñaba al pueblo. En el pueblo, además de los judíos, había griegos y paganos. Los griegos habían oído sobre la enseñanza de Jesús y la interpretaban de tal manera que él enseñaba su doctrina no sólo a los hebreos, sino a todas las gentes y por eso ellos también querían ser sus alumnos y le dijeron esto a Felipe, quien se lo dijo a Andrés. Los discípulos temían juntar a Jesús con los griegos. Ellos temían que el pueblo se enojara con Jesús debido a que él no reconoce la diferencia entre los hebreos y otros pueblos y no acababan de decidirse para dárselo a Jesús. Al oír que los griegos deseaban ser sus discípulos, Jesús dijo: sé que el pueblo me odiará porque yo no hago diferencia entre los judíos y los páganos, pues yo me considero pagano, pero ahora ha llegado el tiempo cuando hay que reconocer la enseñanza del hijo de Dios en todas las personas.

Y si yo muero por eso, entonces debo decir la verdad. El grano de trigo sólo da el fruto cuando muere él mismo. El que teme por su vida carnal pierde la vida verdadera y el que odie la vida carnal, hará de esta vida temporal una vida verdadera no en el tiempo, sino en Dios. Y al dirigirse a Andrés y Felipe, él dijo: quien quiera servir a mi enseñanza que haga lo mismo que yo. Y el que haga lo mismo que yo, será carnal o espiritual. Pero bueno, es increíble que ahora, cuando ha llegado lo que yo buscaba, yo diré: ¡Padre, libérame de lo que yo debo hacer! No puedo yo decir esto, pues es esto lo que yo buscaba. Y por eso yo digo: ¡Padre, revélate dentro de mí!

Y, al dirigirse a todo el pueblo, Jesús dijo: en el presente sólo existe el poder del espíritu sobre la carne, en el presente sólo se vence a la fuerza de la carne. Y si yo me elevo sobre la tierra con la vida, entonces atraeré a todos hacia mí. Y después le dijeron: por ley nosotros escuchamos que Cristo es algo especial, determinado, que siempre es igual, como el hijo de Dios. ¿Qué quiere decir elevar al hijo de Dios? A lo que Jesús contestó: elevar al hijo de Dios quiere decir vivir con la misma luz de la comprensión que está dentro de usted; elevar al hijo humano sobre la tierra quiere decir creer en la luz de la comprensión, para ser hijo de la comprensión. Aquel que cree en mi enseñanza no cree en mí, sino en aquella alma que dio la vida al mundo. Y aquel que comprende mi vida, comprende el alma que le dio la vida al mundo.

Mi enseñanza es aquella misma luz de la vida que sacó a la gente de la oscuridad. Y si alguien escucha mis palabras y no cumple, yo no lo condeno, ya que mi enseñanza no condena, sino que salva. Aquel que no acepta mis palabras no condena mi enseñanza, sino la comprensión que hay de ellas. La comprensión es la que lo condena a él. Porque yo no hablé de lo mío, sino que hablé lo que me inculcó mi Padre, el alma que vive dentro de mi. Lo que yo digo es lo que me dijo a mí el espíritu de la comprensión. Y lo que yo enseño, es la vida verdadera.

Y al decir esto, Jesús se marchó y otra vez se escondió de los obispos. Y aquellos que escucharon estas palabras de Jesús no temieron en reconocer ante los obispos, porque de los obispos nadie confesó que era creyente, pues ellos juzgaban como personas y no como Dios.

Después que Jesús se escondió de nuevo, los obispos y los priostes se reunieron en el patio de Caifás y empezaron a analizar como apresar a Dios y matarlo a espaldas del pueblo. Claro que ellos temían apresarlo. También vino a la reunión uno de los primeros discípulos de Jesús, Judas Iscariote y dijo: si quieren apresar a Jesús disimuladamente a espaldas del pueblo. Claro que ellos temían apresarlo. También vino a la reunión uno de los primeros discípulos de Jesús, Judas Iscariote, y dijo: si quieren apresar a Jesús disimuladamente, de manera tal que el pueblo no lo vea, entonces yo encontraré el momento cuando haya poca gente con él, les enseño donde está y entonces podrán apresesarlo. ¿Qué me darán entonces por esto? Ellos le prometieron treinta rublos. Él aceptó y desde ese momento comenzó a elegir el momento para orientar a los obispos contra Jesús para capturarlo. Entretanto Jesús se escondía del pueblo y con él estaban sólo los discípulos.

En cuanto llegó la primera fiesta del “pan ácimo”, los discípulos le dijeron a Jesús: ¿dónde vamos a festejar la Pascua? Jesús les dice: váyanse por ahí al campo, entren en casa de alguien y digan que ustedes no tienen tiempo de preparar la pascua y pídanle que les dejen entrar para festejar la pascua. Los discípulos lo hicieron así. Pidieron a un hombre que les dejara entrar y él lo hizo así.

Ellos entraron y se sentaron a la mesa. Estaban con Jesús los doce apóstoles y Judas con él. Jesús ya sabía que Judas Iscariote había prometido entregarlo a la muerte, pero él no lo daba a entender y no se vengaba de Judas y como toda la vida, enseñaba el amor a sus discípulos y ahora sólo con el amor reprochaba a Judas. Cuando todos los doce estaban sentados a la mesa, él los miró y les dijo: entre ustedes está aquel que me traicionará. Sí, aquel que bebe conmigo y come, ése me arruinará. Y no les dijo nada más. Así no supieron sobre quién hablaba y empezaron a cenar.

Cuando empezaron a comer, Jesús cogió el pan, lo partió en doce partes, le dio a cada discípulo un pedazo y dijo: cójanlo, coman. Aquel que me traicione, si se come este pedazo, se comerá mi cuerpo. Y después vertió vino en una copa, la brindó a los discípulos y dijo: beban todos de esta copa. Y cuando todos bebieron, él dijo: aquel que me traicione se bebió mi sangre.

Yo derramaré mi sangre para que la gente sepa mi testamento: perdonar a otros sus pecados. Porque yo pronto moriré y no estaré con ustedes en este mundo y me uniré a ustedes sólo en el Dios.

Y después de esto Jesús se levantó de la mesa, se arrolló con una toalla por la cintura, cogió una jarra de agua y comenzó a lavarles los pies a todos los discípulos. Cuando se acercó a Pedro, éste dijo: ¿cómo es que me vas a lavar mis pies? Y Jesús le dijo: te extrañas que yo te lavo los pies, pues que tú pronto sabrás para qué lo hago. Lo hago para que, aunque ustedes están limpios, pero no todos, y entre ustedes está aquel que me traicionará y yo también quiero lavarle los pies.

Y cuando Jesús le lavó los pies a todos, se sentó de nuevo y dijo: ¿entendieron ustedes para que hice esto? Lo hice para que ustedes se hagan lo mismo unos a los otros. Si yo soy el maestro de ustedes, hago esto, entonces ya hace tiempo que ustedes debían de servir a todos y no odiar a nadie. Si ustedes saben eso, entonces ustedes son dichosos. Yo no hablo sobre todos nosotros, pues uno de ustedes, aquellos, a los que yo les lavé los pies y que comió pan conmigo, uno de ustedes me arruinará.
Y al decir esto, Jesús se indignó espiritualmente y confirmó que uno de ellos le traicionaría. Y una vez más los discípulos empezaron a mirarse unos a los otros y no sabía de quién él hablaba. Un discípulo estaba sentado cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una señal para que le preguntara quién era el traidor. Él le preguntó. Jesús dijo: yo mojaré un pedazo y se lo daré a uno, al que se lo dé, ése es el traidor. Y él se lo dio a Judas Iscariote y le dijo: lo que quieras hacer hazlo rápido. Y Judas comprendió que había que marcharse, y en cuanto tomó el pedazo se marchó y ya era imposible correr tras él, pues era de noche.

Y cuando Judas se marchó, Jesús dijo: ahora tienen claro qué es un hijo humano, ahora tienen claro que Dios está en él, que él puede perdonar a los enemigos y hacer el bien. ¡Hijos! No queda mucho tiempo para estar con ustedes. No filosofen sobre mi enseñanza, de cómo yo se lo decía a los pastores. Hagan lo que yo hago.

Les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a los otros tal cual yo les amaba a ustedes y a Judas el traidor.

Y después de esto ellos se dirigieron al Monte de los Olivos. Por el camino Jesús les dijo: llegará el día cuando se cumpla lo que dicen las escrituras: matarán a un pastor y las ovejas se dispersarán. Y esta noche pasará lo siguiente: me capturarán, todos ustedes me dejarán y se fugarán. Y de respuesta Pedro le dijo: si todos se asustan y se van, yo no renuncio a ti. Estoy dispuesto a morir contigo. Y Jesús le dijo: te diré que hoy por la noche, antes de que canten los gallos, cuando me capturen, tú renunciarás a mí no sólo una vez, sino tres veces. Pero Pedro le dijo que no renunciaría y los discípulos dijeron lo mismo.

Y entonces, al ver que los discípulos estaban detrás de él, una tentación le cayó a Jesús. Le dolió que no le quisieran matar por nada. Y él le dijo a los discípulos: antes ni ustedes ni yo necesitábamos nada. Ustedes andaban sin saco y sin calzado de repuesto, tal como yo se lo dije a ustedes. Ahora, si consideran que no soy justiciero, no podemos actuar así; debemos proveernos de todo, y de cuchillos también, para que no nos arruinen en vano. Entonces los discípulos dijeron: tenemos dos cuchillos. Y Jesús dijo: vale. Y fueron ellos al Valle del Cedrón y entraron en aquel jardín. Jesús le dijo a los discípulos: me he debilitado y tengo que rezar, permanezcan conmigo. Y el sentó a su lado a Pedro y a dos hijos de Zebedeo y empezó a lamentarse y afligirse de que había caído en la tentación y quería luchar contra el mal.

Él dijo: es doloroso y difícil para mí, ayúdenme, aliéntense de espíritu junto conmigo. Y se puso de rodillas y rezaba. Él dijo: Padre mío espíritu, tú estás libre, dame fuerzas tal como tú quieres y no como quiero yo; y que me disuelva con tu voluntad.

Los discípulos no rezaban y se ponían tristes. Jesús les reprochaba y les dijo: recen, aliéntense de espíritu para no caer en la tentación de la debilidad o la lucha. La fuerza está en el espíritu, el cuerpo no tiene la fuerza. Y otra vez comenzó a rezar y dijo: Padre espíritu, que sea todo como tú quieras. Y otra vez los discípulos no rezaban con él y se entristecían. Y él otra vez, por tercera vez, rezaba y después, reafirmándose de espíritu, le dijo a los discípulos: ahora pronto seré entregado en las manos de la gente mundana.
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“La Santa Cena”, de Nikolai Gue. El Evangelio.
Теги: jesucristo
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