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La ley

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Опубликовано: 472 дня назад (7 мая 2016)
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Para servirle a Dios y vivir en el reino de Dios, es decir, para subordinarse a Dios y ejecutar su voluntad, hay que saber la ley de este reino.
San Juan anunció el advenimiento de Dios al mundo. Él dijo que la gente debería purificarse con el alma para que pudiera concebir el reino de Dios.

Jesús, quien no conocía a su padre carnal y reconocía en Dios a su padre, escuchó la prédica de San Juan y se preguntó ¿quién era ese Dios, cómo vino al mundo y dónde estaba? Y alejándose en el desierto, Jesús supo que la vida del hombre estaba en el espíritu y convenciéndose de que el hombre vivía en forma de Dios, que Dios siempre estaba dentro de la gente y que el reino de Dios siempre existió dentro de la gente, que el reino de Dios siempre existió y existe y que la gente sólo necesitaba reconocerlo, Jesús salió del desierto y comenzó a profesar a la gente que Dios siempre había existido y existe en el mundo, y que para conocerlo a él era necesario purificarse o resucitar el alma.

Él anunció que Dios no necesitaba oraciones, víctimas y templos, y que sólo se necesitaba servirle con el alma, hacerle el bien; anunció que el reino de Dios había que comprenderlo de manera tal que en un momento determinado en un lugar determinado apareciera Dios, sino de manera tal que toda la gente y en todo el mundo, al purificar el alma, pudiera vivir en el poder de Dios. El anunció que el reino de Dios no venía de un modo visible, sino que estaba dentro de la gente. Para ser miembro de este reino hay que purificar el alma, es decir, elevar el alma en el hombre y servirle. Aquel que eleve el alma ingresará en el reino de Dios y conseguiría una vida no transitoria. Cada persona tiene la posibilidad de elevar el alma y hacerse participante del reino de Dios, y desde este momento en que San Juan anunció el reino de Dios, la ley judía dejó de ser necesaria.

Cualquier persona que haya comprendido el reino de Dios con su esfuerzo propio, que haya elevado el alma en sí sirviendo a Dios, ingresa en el poder de Dios. Para servirle a Dios y vivir en el reino de Dios, es decir, para subordinarse a Dios y ejecutar su voluntad, hay que saber la ley de este reino. Y así Jesús explicó en qué debía de consistir la elevación del alma y el servicio a Dios, en qué consistía la ley del reino de Dios.

Jesús reza toda la noche y, después de haber elegido a doce personas que le comprendieron normalmente, sale al pueblo con ellos y explica en qué consistía la elevación del alma y el servicio a Dios, en qué consistía la ley del reino de Dios. La ley del poder de Dios consiste, ante todo, en que el hombre se entregue al poder de Dios y, mirando a su alrededor al pueblo, Jesús, señalando a sus discípulos, dijo: “Ustedes son felices, vagabundos: ustedes están en el poder de Dios. Ustedes son felices: no importa que ustedes tengan hambre ahora, ustedes se saciarán. Ustedes son felices: no importa si ustedes se afligen y lloran un poco, después ustedes se consolarán. (Issued for zolausa.info). Ustedes son felices: no importa que a ustedes no les consideren personas y les expulsen de todas partes. Alégrense con eso, pues así perseguían a todos aquellos que anunciaban la voluntad de Dios.

Pero ustedes, los ricos, son infelices, pues ustedes ya consiguieron todo lo que deseaban y no recibirán nada más. Si ustedes ahora están satisfechos, entonces también tendrán hambre.

Ustedes están alegres ahora, también estarán libres. Infelices son ustedes si todos les hacen elogios, pues todos elogian sólo a los mentirosos.

Felices son ustedes, vagabundos, ustedes están en el poder de Dios, pero ustedes son felices no sólo cuando tienen aspecto de vagabundos, sino cuando ustedes son vagabundos en el alma, al igual que la sal es buena no sólo cuando su aspecto se parece a la sal, sino cuando en realidad es sal en sí. Pues así ustedes son la sal del mundo, los maestros del mundo, si ustedes saben que la verdad real consiste en ser vagabundos. Si ustedes son vagabundos sólo de aspecto, entonces son igual que la sal no salada, ya ustedes no sirven para nada. Si ustedes comprenden esto, entonces ustedes demuestran con sus acciones que ustedes quieren ser vagabundos y no son como otros.

Si ustedes son la luz para la gente, entonces muestren su luz y no la oculten para que la gente pueda ver que ustedes conocen la verdad y al ver sus acciones, comprendan que ustedes son hijos de su Padre, de Dios. Y no piensen que ser vagabundo quiere decir estar fuera de la ley. Yo no les enseño como desatarse las manos de la ley de Dios, todo lo contrario, les enseño a cumplir la ley de Dios. Mientras haya gente bajo el cielo, la ley de lo que debe ser y de lo que no debe ser, existe para las personas. Sólo no habrá ley cuando la gente sola de por sí cumpla las leyes. Y yo les doy las reglas para cumplir la ley.

Y si alguien no cumple aunque sea una regla y enseñe a que se pueda dejar de cumplir aunque sea una de ellas, entonces será el que más lejos esté de Dios, y el que cumpla todo y lo enseñe así, entonces será el que más cerca esté de Dios. Porque si en su cumplimiento de la ley al pie de la letra se cumplirá más al pie de la letra la ley de los fariseos y bibliófilos, entonces no se unirán a Dios. He aquí estas reglas:

Regla nº 1: La justicia de los bibliófilos y fariseos consiste en que si un hombre mata a otros, hay que juzgarlo y condenarlo a una pena. Y mi regla dice que enojarse con un hermano es tan malo como matarlo. Yo prohíbo tener rencor al hermano bajo el mismo temor que los fariseos y los bibliófilos prohíben el asesinato. Injuriar a un hermano es aún peor y también bajo gran temor prohíbo esto; y humillar a un hermano es aún peor y yo lo prohíbo aún más estrictamente. Y yo lo prohíbo porque usted considera que para Dios hay que ir al templo y hacer sacrificios. En efecto, usted quiere hacer sacrificios, pues sepa que al igual que usted considera importante los sacrificados, para Dios es más importante la paz, la concordia y el amor entre ustedes; y que no pueden ustedes orar, ni pensar en Dios, si ustedes no viven en el amor, aunque sea una persona. Pues bien, he aquí la 1ª regla: no se enojen, no riñan y si han reñido, hagan las paces. Y perdonen todas las culpas a aquellos que sean culpables ante ustedes.

Esta es la 2ª regla: los fariseos y los bibliófilos dicen: si fornicas con otra mujer, entonces hay que matarles a ti y a ella juntos, y si quieres fornicar, entonces dale a tu mujer la carta de horro. Y yo digo que si dejas a tu mujer, entonces además de que eres un depravado, tú también induces a la depravación a aquel que se embrolle con ella. Si vives con tu mujer y piensas enamorarte de otra mujer, entonces eres un adulterador y vales sólo lo que por ley hacen con un adulterador. Y yo bajo el mismo temor que los fariseos y los bibliófilos prohíben fornicar con una mujer ajena, prohíbo enamorarse de una mujer. Y lo prohíbo porque cualquier libertinaje acaba con el espíritu, así que es mejor renunciar a un placer carnal que acabar con la vida de uno.

He aquí la segunda regla: Satisface la libídine sólo con tu mujer y no pienses que el amor hacia una mujer sea algo bueno.

Esta es la 3ª regla: los fariseos y los bibliófilos dicen: “No pronuncies el nombre del Señor Dios en vano, pues Dios no dejará sin castigo a aquel que pronuncie su nombre en vano, es decir, no llames a tu Dios en la mentira”. Y además: no jures en mi nombre una mentira y no deshonres el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor (nuestro Dios), es decir, no juren por mí una la mentira de manera tal que ultraje a su Dios.

Y yo digo que cualquier juramento es un ultrajo a Dios y por eso no jures nunca. No puedes prometer nada porque tú estás todo en el poder de Dios. Tú no puedes hacer un pelo negro de una cana y entonces cómo vas a jurar que harás esto o aquello y juras por Dios. Cualquier juramento tuyo es un ultraje a Dios, pues si tú tienes que cumplir con el juramento que contradiga la voluntad de Dios, entonces resulta que tú prometiste actuar en contra de la voluntad de Dios, y por eso cualquier juramento es un mal. Además un juramento es un disparate y un sinsentido. Pues bien la 3ª regla es: No jures nada a nadie por nada. Di sí cuando es sí; di no cuando es no y sé cuando de ti exigen un juramento es para el mal.

Esta es la 4ª regla: Ustedes oyeron lo que se dijo en tiempos antiguos: “Ojo por ojo y diente por diente”. Los fariseos y los bibliófilos enseñan a ustedes a hacer lo que está escrito en los libros antiguos y cómo se debe castigar por diferentes crímenes. Allí se dice que el que destruya el alma debe dar el alma por el alma, ojo por ojo y diente por diente, mano por mano, buey por buey, esclavo por esclavo, alma por alma y no se resistan al mal. Si alguien quiere arrebatarte un bien en un tribunal, dale otro más; si alguien quiere quitarte un tabardo, dale la camisa; si alguien te saca un diente de un pómulo, ponle el otro. Si te obligan a hacer un trabajo, haz dos. Si te quitan la hacienda, entrégala. No te devuelven el dinero, no lo pidas. Y por eso: no juzgue y no le juzgarán y castigarán. Perdone a todos y le perdonarán, porque si usted va a jugar a la gente, la gente no le juzgará. Y, además, usted no puede juzgar a la gente porque nosotros, toda la gente, somos ciegos y no vemos la verdad. ¿Cómo yo con mis ojos ciegos podré ver un grano de polvo en el ojo de un hermano? Primero uno mismo tiene que limpiarse sus ojos y ¿quién de nosotros tiene los ojos limpios? Si nosotros juzgamos, entonces nosotros mismos somos ciegos. Si nosotros vamos a juzgar a otros y castigarlos, entonces nosotros, siendo ciegos, conducimos a un ciego.” Y, además, Jesús dice: ¿Con qué ejemplo nosotros enseñamos? Nosotros castigamos con la violencia, con heridas, con lesiones graves, con la muerte, es decir, con la crueldad, con lo mismo que nos prohíben por los mandamientos: no mates, nosotros enseñamos a otros. ¿Y qué pasa?

Nosotros queremos enseñar a la gente y nosotros les pervertimos. Bueno, que otra cosa puede ser si el alumno termina los estudios y sale con el maestro. ¿Qué es lo que va a hacer cuando termine los estudios? Lo mismo que hace el maestro: violencia, asesinatos. Y no piense que va a conseguir justicia en los tribunales. Dar el amor a la justicia a los tribunales de la gente, es lo mismo que tirarle una perla a los cerdos: ellos la pisotearán y la aplastarán. Y por eso la 4ª regla dice así: Por mucho que te maltraten no pagues el mal con el mal, no juzgues y no litigues, y no castigues y no te quejes.

Esta es la 5ª regla: los fariseos y los bibliófilos dicen: “No riñas a tu hermano en tu corazón; no fustigues a tu prójimo y no siembres por él un pecado. Azota a todos los hombres y llévate a todas las mujeres y el ganado de los enemigos, es decir, respeta a tus paisanos y a los ajenos y no consideres a los ajenos”. Y yo les digo a ustedes: mima no sólo a tus paisanos, sino a los ajenos. Deja que lo ajenos no te consideren para nada, deja que te ataquen, y si te maltratan, mímalos.

Entonces sólo así ustedes serán verdaderos hijos de su Padre de ustedes. Para él todos son iguales. Si ustedes son buenos sólo con los paisanos y de ahí salen las guerras. Y traten ustedes igual a todos los pueblos y ustedes serán hijos de Dios. Toda la gente son sus hijos, entonces todos son sus hermanos y por eso he aquí la 5ª regla: observen con los pueblos ajenos lo mismo que les dije observar entre sí. No hay pueblos enemigos, no hay diferentes reinos y reyes, todos son hermanos, todos son hijos de un Dios. No hagan diferencia entre la gente según su pueblo y su reino.

Pues bien, 1. No se enojen, 2. No se entreguen a la lujuria carnal, 3. No jure a nadie por nadie, 4. No juzgue y no litigue y 5. No hagan deferencia entre los pueblos; no conozcan a los reyes y a los reinos.

Y he aquí otro sermón, en el que se contienen todas estas reglas, la ley y los profetas: hagan para la gente todo lo que deseen que la gente haga para ustedes.

Cuando ustedes vayan a cumplir esto, claro, sus vidas cambiarán. Ya no tendrán propiedades y no las necesitarán. No instalen su vida en la tierra, arreglen su vida en el Dios. La vida en la tierra muere, y la vida en Dios no morirá, porque si ustedes van a pensar en ella, ya no podrán pensar en la vida en Dios. El corazón está donde esté el alma.

Y si no hay luz en los ojos, pues todo está en la penumbra. Pues bien, si tú deseas y buscas la penumbra, entonces la encontrarás. No se puede con un ojo mirar hacia el cielo y con otro, mirar hacia la tierra; no se puede poner el corazón en la tierra y pensar en Dios. O sirves a la tierra o a Dios. Y por eso cuídense de tener cualquier interés. El hombre goza de la vida no por el hecho de que la tiene, sino porque Dios se la ha dado. Así que si el hombre se lleva a todo el mundo, su alma no tendrá ninguna ventaja de esto. Y pobre de aquel de nosotros que acabe con su vida para tener más riquezas. Por eso no se preocupen por lo que van a comer y beber y que se van a poner de ropa. La vida es más inteligente que la comida y la ropa, mientras que Dios les ha dado la vida. Miren a esas criaturas de Dios, a los pájaros. Ellos no siembran, no siegan la cosecha, no la recogen y Dios les alimenta. Pues bien, el hombre no es peor que los pájaros ante Dios. Si Dios le dio la vida al hombre, entonces sabrá darle de comer. Sin embargo, ustedes mismos saben que por muchas gestiones que hagan ustedes, ustedes pueden hacer nada para sí. No pueden ni aumentar en una hora su vida. Lejos está el pensamiento de la muerte. Y no te preocupes por la ropa. Las flores silvestres no trabajan, no tejen, pero están entretejidas de manera tal que Salomón nunca se adornaría así. ¿Acaso si Dios adornó la hierba que hoy crece y que mañana será contada, no le vestirá mañana? No se preocupe y no haga gestiones, no diga que hay que pensar qué vamos a comer y con qué nos vamos a vestir. Toda la gente necesita esto y Dios sabe sus necesidades de ustedes. Así que no se preocupen de qué va a pasar; no se preocupen del futuro. Viva el día de hoy.

Preocúpense de estar en la voluntad de Dios. Deseen lo único que es importante y lo demás aparecerá sólo a ustedes. Intenten estar sólo en la voluntad de Dios y usted estará en ella. Al que toque a la puerta le abrirán. Al que pida le darán. Si va a pedir al verdadero, a quien es necesario, entonces le darán lo que necesitan. Acaso hay un padre que le de a su hijo una piedra en lugar de pan o una serpiente en lugar de pescado. ¿Acaso el Padre suyo no le da lo que usted necesita de verdad si usted se lo pide? Y lo que usted necesita verdaderamente es la vida del espíritu, sólo eso es lo que usted le pedirá.

Rezar no quiere decir hacer lo que hacen los fingidores en las iglesias o en presencia de la gente. Ellos hacer sólo esto para la gente. Y de la gente recibe alabanza por esto, pero no de Dios. Y tú, si deseas entrar en la voluntad de Dios, entra allí, pero que no te vea nadie, y reza a tu padre espíritu tuyo, y el Padre verá lo que está en tu alma y te dará al espíritu verdadero. Y no hables de más con la lengua, como los fingidores: tu Padre sabe lo que necesitas antes de que puedas abrir la boca.

He aquí como hay que rezar: ¡Padre nuestro! Déjame entrar en tu reino, es decir, que tu voluntad esté dentro de mí. Dame la alimentación que necesito. Y no me castigues por mis pecados a igual que yo no voy a castigar a nadie por los suyos.

Si pide el alma al Padre, entonces no castigues a nadie y el padre no te castigará por sus errores. Y si no perdonan a la gente, entonces Dios no les perdonará. No hagan nada para recibir alabanza de la gente. Si lo hacen para la gente, entonces la gente les premiará. Así que si tú le tienes lástima a la gente no lo grites a los cuatro vientos delante de la gente; así lo hacen los fingidores para que la gente los vea y les haga elogios. Y la gente les elogia y ellos reciben lo que quieren. Y tú no lo hagas así, tú resistes para Dios, anda con la cara alegre para que la gente no lo vea y el padre tuyo lo ve y te dará lo que necesitas.

Así es la entrada en el reino de Dios, La entrada en la voluntad de Dios es sólo una, es estrecha y justa. La entrada es siempre una y alrededor hay un campo grande y amplio, entonces vas por él y llegarás a un precipicio. Sólo el paso estrecho lleva a la vida, y pocos son los que van por él.

Ánimo, aunque el rebaño es pequeño; ustedes entrarán porque Dios les enseñará a su voluntad”.
Теги: jesucristo
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