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El sustento de la vida no consiste en estar saciado con pan

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Опубликовано: 533 дня назад (7 мая 2016)
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Para la vida del espíritu no puede existir diferencia entre los familiares y los ajenos. Jesús dice que su madre y sus hermanos no tienen ninguna importancia para él como madre y como hermanos: le es querido sólo aquel que cumple la voluntad del Padre común. El bienestar y la vida del hombre no dependen de sus relaciones familiares, sino de la vida del espíritu. Jesús dice que son felices aquellos que tienen la comprensión del Padre.

Para la persona que vive del espíritu no hay casa. Los animales tienen casa, pero el hombre vive del espíritu y por eso no puede tener casa. Jesús dice que él no tiene un lugar asignado a él. Para cumplir la voluntad del Padre no es necesario tener un lugar determinado, ya que este es posible por doquier y siempre. La muerte carnal no puede ser horrible para el hombre que ha permanecido al lado del Padre, pues la vida del espíritu no depende de la muerte carnal.

Jesús dice que aquel que cree en la vida del espíritu no puede temer nada. Ninguna preocupación puede impedir al hombre a que viva espiritualmente. A las palabras del hombre de que él cumplirá la doctrina de Jesús después, pero que antes él debe dar sepultura al padre, Jesús le responde: los muertos sólo pueden preocuparse del sepelio de los muertos, los vivos siempre viven cumpliendo la voluntad del padre.

Las preocupaciones por los asuntos de la familia y de la casa no pueden molestar la vida del espíritu. Aquel que se preocupa por lo que conseguirá para su vida carnal por el cumplimiento de la voluntad del Padre, hace lo mismo que el labrador que labra la tierra y no mira adelante, sino atrás. Las preocupaciones sobre el goce de la vida carnal que a la gente le parecen tan importantes, en esencia son sólo un sueño. Una cosa real de la vida es el anuncio de la voluntad de Dios, prestarle atención a esta voluntad y cumplirla.

Al reproche de Marfa de que ella es la única que se preocupa por la cena y de que su hermana María sin ayudarle, escucha la doctrina, Jesús responde: tú la reprochas en vano. Preocúpate, si necesitas lo que da la preocupación, pero deja a aquellos que no necesitan los placeres carnales y que hacen lo que es necesario para la vida.

Jesús dice: aquel que quiere vivir la vida verdadera, la cual consiste en cumplir la voluntad de Dios, éste ante todo debe renunciar a sus deseos propios, éste debe construir su vida de manera tal como él quiere, sino que debe estar preparado a sufrir diferentes privaciones y resistir diferentes sufrimientos. Aquel que quiera arreglar su vida carnal tal como quiere, arruinará la vida verdadera del cumplimiento de la voluntad del Padre. Y no hay ninguna ventaja al obtener algo para la vida carnal si esta adquisición arruina la vida espiritual.

Lo más que arruina la vida espiritual es la codicia y la adquisición de riquezas. Las gentes se olvidan de que independientemente de la cantidad de riquezas y propiedades que ellos adquieran, pueden morir en cualquier momento y de que no necesitan su riqueza para la vida. La muerte cae sobre cualquiera de nosotros: una enfermedad, un asesinato por las gentes, un accidente; pueden interrumpir la vida en un segundo. La muerte carnal es una condición obligatoria de cualquier segundo de la vida. Si el hombre vive, éste debe considerar que cada hora de su vida es un aplazamiento que le fue dado por misericordia de alguien. Y esto hay que recordarlo y no decir que no lo sabemos. Nosotros prevemos todo lo que sucede en la tierra y en el cielo, mientras que nos olvidamos de aquella muerte que nos espera cada segundo. Si no nos olvidamos de esto, entonces no nos podemos entregar a la vida carnal, no podemos contar con ella.

Para cumplir con mi doctrina hay que tener en cuenta las ventajas de servir a la vida carnal por voluntad propia, así como las ventajas de cumplir la voluntad del Padre. Sólo aquel que tome esto en consideración podrá ser mi discípulo. Y aquel que no lo tome en consideración no lamentará los supuestos bienes materiales y la pretendida vida para conseguir unos frutos verdaderos y gozar de una vida verdadera. La vida verdadera está dada a la gente y la gente sabe y escuchan su llamado, pero se distraen continuamente por las preocupaciones transitorias y se privan de ella.

La verdadera vida es como un festín organizado por un rico al que convidó a invitados. El llama a los invitados como la voz del espíritu del Padre llama a todas las personas. Pero unos invitados se ocuparon del comercio, otros de la casa y los terceros se ocuparon de los asuntos familiares y no fueron al festín. Sólo los miserables que no tienen preocupaciones carnales, fueron al festín y consiguieron la felicidad, mientras que la gente que se distrae con las preocupaciones carnales de la vida, se priva de la verdadera vida. Aquel que no renuncie totalmente a todas las preocupaciones y miedos de la vida carnal, no podrá cumplir la voluntad del padre, pues no se puede servir un poquito a si y un poquito al Padre.

¿Habría que calcular si es ventajoso servir a su carne, si se puede organizar la vida como uno mismo quiere? Hay que hacer lo mismo que hace una persona cuando construye una casa o cuando se prepara para ir a la guerra. Él calcula si puede terminar la casa y si puede vencer. Y si ve que no puede, entonces el no hace en vano el trabajo y no lucha, pues puede ser en vano el hazmerreír de la gente.

Si se pudiera organizar la vida carnal como uno quiere, entonces hay que servir a lo carnal. Pero como no se puede así, será mejor dejar todo lo carnal y servir al espíritu, pues de lo contrario no será ni una cosa ni otra. No tendrás una vida carnal y perderás la vida espiritual y por eso, para cumplir la voluntad del Padre hay que renunciar a la vida carnal.

La vida carnal es lo que se nos ha encargado, es aquello ajeno, es aquella riqueza ilusoria que debemos aprovechar para conseguir nuestra riqueza verdadera. Si en casa de un rico va a vivir un capataz y va a saber que independiente de lo mucho que sirva al amo, éste no lo va a tomar en cuenta y dejarlo sin nada, el capataz se conducirá de un modo inteligente si, mientras administra una riqueza ajena, le hace el bien a la gente. Entonces si el amo lo deja, aquellos a los que él hizo el bien, lo aceptarán y le darán de comer. Si el capataz lo hace así, entonces obrará con inteligencia. Lo mismo deberá hacer la gente con su vida carnal. La vida carnal es la riqueza ajena que ellos administran sólo temporalmente. Si ellos gestionan correctamente esta riqueza ajena, entonces recibirán lo suyo verdadero. Si nosotros no damos nuestra falsa riqueza, entonces no conseguiremos lo verdadero. No se puede servir a la riqueza y al Dios al mismo tiempo. Aquello que es grande ante la gente es una abominación ante Dios. La riqueza es un mal ante Dios. El rico es culpable de que come mucho y opulento cuando los pobres pasan hambre a su puerta. Y todos saben que los bienes que no se les entregan a otros es el incumplimiento de la voluntad del padre.

Una vez un rico jefe ortodoxo se acercó a Dios y comenzó a alabarse de que él había cumplido con todos los mandamientos de la ley, Jesús le recordó que existe el mandamiento de amar a los demás como te amas a si mismo y que en esto consiste la voluntad del Padre. El jefe le dijo que él había cumplido esto. Entonces Jesús le dijo: esto no es cierto, si tú hubieras querido cumplir la voluntad del Padre, tú no tuvieras propiedades. No se puede cumplir la voluntad del Padre si tú tienes propiedades que no les das a otros. Y Jesús dijo a los discípulos: la gente piensa que es imposible vivir sin propiedades y yo les digo que la verdadera vida consiste en darle a otros lo suyo.

Una persona, Zaqueo, escuchó a Jesús y le creyó, invitó a Jesús a su casa y le dijo: doy la mitad de su hacienda a los pobres y cuatro veces más le daré a cualquiera a quien yo haya insultado. Y Jesús dijo: he aquí la persona que cumple que cumple la voluntad del padre, pero toda nuestra vida es el cumplimiento y esta persona la cumple. La voluntad del padre de la vida consiste en que las personas regresen a ella. La bondad no se puede medir con nada, no se puede decir quien ha hecho más, quién menos. La viuda que da el último cuarto de copeca da más que el rico que da mil.

La bondad tampoco se puede medir aplicando categorías de lo que es útil y de lo que es inútil. Una muestra de cómo hay que hacer el bien puede ser aquella mujer que compadecía a Jesús le vertió desmesuradamente en los pies, gastándose 300 rublos. Judas dijo que fue una tontería lo hecho por ella, pues con este dinero se podía dar de comer a muchos. Pero Judas era un ladrón que mintió y, al hablar de la utilidad de lo carnal, no pensaba en los pobres. La utilidad no es necesaria, es necesario el cumplimiento de la voluntad del padre: amar y vivir para el prójimo.

Una vez vinieron a visitar a Jesús su madre y sus hermanos, y no había manera de que pudieran verle, pues alrededor de Jesús había mucha gente. Y una persona les vio, se acercó a Jesús y le dijo: aquí están tus familiares, tu madre y tus hermanos están aquí fuera, quieren verte. Jesús dijo: mi madre y mis hermanos son aquellos que han comprendido la voluntad del padre y la cumplen. Y la mujer dijo sola: ¡bendito es aquel vientre que te llevó a ti y aquellos pechos que tú mamaste! A lo que Jesús dijo: son dichosos aquellos que comprendieron el parecer del padre y lo conservan. Y una persona le dijo a Jesús: voy a seguirte a donde tú fueres, a lo que Jesús le respondió: no hay a donde ir detrás de mí, yo no tengo casa ni lugar donde pudiera vivir. Las fieras sólo tienen guarida y madriguera, mientras que la persona tiene espíritu y su casa está en cualquier lugar si él vive con el espíritu.

Una vez Jesús navegaba en una nave con sus discípulos. Él dijo: cruzaremos a la otra orilla. Se formó una tormenta en el lago y comenzó a inundarse la nave de manera tal que por poco se hunde. Y él yacía en la popa y dormía. Ellos lo despertaron y le dicen: maestro, ¿qué, te da lo mismo que nosotros sucumbamos? Y cuando la tormenta se calmó él dijo: ¿por qué son ustedes tan débiles? No tienen ustedes fe en la vida del espíritu.

A una persona Jesús le dijo: sígueme. Y el hombre dijo: mi padre es un anciano, ordéname primero enterrarlo y entonces yo te seguiré. Y Jesús le dijo: que los muertos entierren a los muertos, y tú, si quieres vivir, cumple la voluntad del padre y propágala.

Otra persona más dijo: quiero ser tu discípulo y voy a cumplir la voluntad del padre tal como tú lo ordenas, pero permíteme ante todo instalar a mi familia. Y Jesús le dijo: si el labrador mira hacia atrás, el no podrá labrar la tierra. Mientras mires hacia atrás no podrás labrar. Hay que olvidarse de todo, menos de aquel surco que estás haciendo, entonces se puede labrar la tierra. Si tú piensas en lo que saldrá para la vida carnal, entonces tú no has comprendido qué es la vida verdadera y no podrás vivir en ella.

Después, pasó una vez que Jesús entró con sus discípulos en una aldea. Y una mujer llamada Marfa le invitó a pasar a su casa. Y tenía Marfa una hermana llamada María y se sentó ella a los pies de Jesús y escuchaba su doctrina. Y Marfa, mientras tanto, se preocupaba de que hubiera un buen agasajo. Y se acercó Marfa a Jesús y le dice: a ti no te interesa que mi hermana me ha dejado sola a mí a servir. Dile a ella que trabaje conmigo también. Y Jesús le respondió: Marfa, Marfa, tú te preocupas y gestionas muchas cosas, pero de todas las cosas sólo una es necesaria. Y María eligió aquello único necesario y que nadie podía arrebatarle. Para la vida es necesario sólo el sustento del espíritu.

Y dijo Jesús a todos: quien quiera seguirme, pues que renuncie a su voluntad y que esté listo a resistir diferentes privaciones y sufrimientos carnales cada hora, entonces sólo él podrá ir detrás de mí. Porque el que quiera preocuparse por su vida carnal arruinará su vida verdadera. Y el que arruine la vida carnal cumpliendo la voluntad del Padre, salvará la vida verdadera. Porque ¿qué ventaja sacará la persona si se lleva todos el mundo y arruina o causa daño a su vida?

Y al escuchar esto, un hombre dijo: está bien así la vida del espíritu, pues podríamos darlo todo y no encontrar esa vida. A lo cual Jesús dijo: ustedes saben que el cumplimiento de la voluntad del Padre le da la vida a todos, pero ustedes se distraen de esta vida por falsas preocupaciones y se justifican por ella. He aquí lo que hacen ustedes: el amo preparó la comida y pidió llamar a los invitados, pero los invitados empezaron a negarse. Uno dijo: yo compré la tierra y hay que ir a verla. Otro dijo: compré unos toros, hay que probarlos. El tercero dijo: yo me he casado y voy a festejar la boda. Y vinieron los trabajadores y le dijeron al amo que nadie vendrá. Entonces el amo mandó a los trabajadores a que llamaran a los pobres no se negaron a venir y cuando vinieron había espacio libre- Entonces el amo mandó a llamar a otros más y dice: ve y convence a todos para que vengan a comer conmigo y para que haya más gente. Y aquellos que se negaron por no tener tiempo se quedaron sin comer. Todos saben que cumplir la voluntad del Padre da la vida, pero no vienen porque la supuesta riqueza le distrae.

Y dijo Jesús: cuídense de la riqueza porque viven ustedes no por tenerla, porque tienen ustedes más que los demás. Era un hombre rico y recogió una rica cosecha de trigo. Y el piensa para sí: vamos a reconstruir las despensas, construyo unas más grandes y pondré allí todas mis riquezas. Y le diré a mi alma: he aquí, alma, todo es para la voluntad, descansa, come, bebe y vive a tu gusto. Y Dios le dijo a él: ¡tonto!, esta noche cogerán tu alma y todo lo que tú has almacenado quedará para otros. Así sucede con cualquiera que se prepara para la vida carnal y no vive en armonía con Dios.

Y Jesús les dijo: ustedes cuentan que Pilato mató a los galileanos. Bueno, ¿acaso estos galileanos eran peores que otra gente que les mataron precisamente a ellos? En absoluto. Todos nosotros somos así y todos nosotros moriremos si no encontramos salvación de la muerte. Y aquellas 18 personas que fueron aplastadas por la torre, ¿acaso eran especiales, perores que todos los habitantes de Jerusalén? En lo absoluto. Si no nos salvamos de la muerte, hoy o mañana moriremos de todos modos. Si no hemos muerto todavía como aquellos, pues tenemos que pensar sobre nosotros del modo siguiente: la persona tiene un manzano que crece en el jardín. Viene el amo al jardín, miró el manzano y ve que no tiene ningún fruto. El amo le dice al hortelano: hace tres años que vengo a ver el manzano, pero nunca he visto sus frutos, siempre está vacío. Sólo por la misericordia de alguien nos han dejado aquí hasta el verano. Y si no traemos un fruto, entonces moriremos al igual que aquel que construyó un granero, al igual que los galileanos, al igual que los 18 que fueron aplastados por la torre, al igual que todos los que no traen frutos, moriremos para siempre.

Para comprender esto no es necesaria ninguna sabiduría: cualquiera lo ve por sí mismo. Y no es lo mismo que en las cosas de casa, se trata de lo que sucede en todo el mundo, de que nosotros sabemos razonar y adivinar el porvenir. Si el viento viene de occidente, decimos que va a llover y así sucede. Si el viento se levanta a mediodía, decimos que va a llover, y así es. Pues bien, sabemos reconocer el viento, pero no sabemos adivinar que todos vamos a morir y que sólo tenemos una salvación, la vida del espíritu, el cumplimiento de su voluntad.

E iba con Jesús mucha gente y él una vez más le dijo a todos: aquel que quiera ser mi discípulo que no considere al padre y a la madre para nada, a la esposa y a los hijos, a los hermanos y las hermanas, a todo su bienestar, y que esté dispuesto en cualquier momento a todo. Y sólo el que hago todo lo que hago yo, ése seguirá mi doctrina y sólo ése salvará su vida.

Pues cualquier persona que empiece alguna empresa nueva calculará se le será ventajoso o no lo que hace y si no es ventajoso lo abandonará. Cualquier persona que construye una casa se sentará y calculará cuánto dinero necesitará, cuanto tiene y si le alcanzará para terminarla para que no suceda que no pudo terminar la obra y la gente se rió. Así sucede con el que quiere disfrutar de una vida carnal, primero debe calcular si podrá terminar lo que hace. Y todo rey, si quiere guerrear, deberá pensar si puede con 10 mil hombres ir contra veinte mil. Si calcula que no puede, entonces enviará a embajadores para hacer las paces y no iniciará una guerra.

Pues así cualquier persona antes de entregarse a la vida carnal pensará: puede él o no luchar contra la muerte, o si esta es más fuerte que él y si es mejor ir adelante para hacer las paces. Pues bien, así cualquiera de ustedes deberá comprender qué es lo que él considera suyo: la familia, el dinero, la hacienda, y cuando él calcule la ventaja y comprenda que no obtendrá ninguna, entonces él podrá ser mi discípulo.

Aquel que entregue la riqueza imaginaria y temporal es aras de la vida verdadera por voluntad del padre, hará lo mismo que hizo el capataz inteligente. Había una vez un capataz que servía a un amo rico y sospechó el capataz que su amo le expulsaría y se queda el capataz sin pan y sin albergue. Y pensó el capataz para sí que haría lo siguiente: poco a poco le reparto la riqueza de mi amo a los campesinos para que éstos se liberen de las deudas y entonces si el amo me expulsa, los campesinos engrosarán mis pertenencias y no me dejarán. Así lo hizo el capataz: llamó a los campesinos deudores del amo y les rehizo los pagarés. Al que debía 100 le puso 50; al que debía 60 le puso 20 y lo mismo con otros. Pues bien, se enteró de esto el amo y se dice a sí mismo: pues nada, él ha sido inteligente, de lo contrario hubiera ido a la calle sin nada. Me hizo unas pérdidas, pero pensándolo bien, obró con inteligencia.

Pues en la vida carnal nosotros comprendemos en qué consiste el buen cálculo y no queremos entenderlo en la vida espiritual. Pues así tenemos nosotros que actuar nosotros con la riqueza injusta: debemos entregarla para conseguir la vida espiritual. Y si escatimamos para la vida del espíritu una pequeñez como la riqueza, entonces no tendremos vida propia. Si no entregamos la falsa riqueza, no tendremos nuestra propia vida. No se puede servir a dos amos al mismo tiempo: a Dios y a la riqueza; a la voluntad del Padre y a la voluntad propia. Podemos servir a uno o a otro.

Y escucharon esto los ortodoxos, y los ortodoxos aman la riqueza, y ellos se rieron de Jesús. Y él les dijo: ¿ustedes piensan que ustedes son personas respetables por su riqueza y que la gente les respetan de verdad? No. Dios no mira por fuera, él mira el corazón. Lo que para la gente es de valor, para Dios es una zurrapa. Ahora el reino celestial está en la tierra y son grandes aquellos que entran en él. Y entran en él no los ricos, sino aquellos que no tienen nada. Y esto siempre ha sido así, así por su ley, así según Moisés y los profetas.

Escuchen lo que es, según su creencia, ricos y pobres. Había una vez un hombre rico que se vestía bien y estaba de juerga todos los días. Y había un mendigo que se llamaba Lázaro y tenía escaras. Y Lázaro iba al patio de rico a ver si habían quedado sobras del rico, pero no quedaban sobras para Lázaro, pues los perros del rico se las comían todas y, además, le lamían las llagas a Lázaro. Y murieron ambos, Lázaro y el rico. Y vio el rico desde lo lejos, desde el infierno a Abrahán y junto a él, a Lázaro. El rico le dice: Abrahán, padre, mira, contigo está Lázaro el leproso, él estaba tumbado al lado de la cerca de mi casa. No me atrevo a molestarte a ti. Envíame a Lázaro el leproso, que moje un dedo en el agua y que me deje refrescar la garganta con un trago de agua porque me estoy quemando en el fuego. Y Abrahán dice: ¿para qué enviarte a Lázaro a las llamas? En el otro mundo tú tenías lo que querías, mientras que Lázaro sólo veía desgracia; pues él ahora debe alegrarse. Sí, hubiera querido hacerlo, pero no puedo, porque entre ustedes y nosotros hay un gran abismo imposible de salvar. Nosotros somos los vivos y ustedes son los muertos. Entonces el rico le dijo a Abrahán: pues bien, padre, envía a Lázaro el leproso a mi casa. Yo tengo cinco hermanos, me da lástima de ellos, que él les cuente todo y les ayude, que los explique lo perjudicial de la riqueza para evitar que ellos caigan en esta tortura. Y Abrahán le dice: ellos lo saben que es perjudicial, ya Moisés y los profetas también se lo han dicho. Y el rico dice: sería mejor si uno de los muertos resucitara y apareciera ante ellos; ellos reflexionarían mejor. Y Abrahán dijo: si no han escuchado a Moisés y a los profetas, aunque un muerto resucite no reflexionarán.

Todos saben que hay que compartir con el hermano y hacer el bien al prójimo, esto lo saben todos y toda la ley de Moisés y todos los profetas sólo hablan de eso. Usted lo sabe, pero no quieren reflexionar porque a ustedes les gusta la riqueza.

Y se acercó a Jesús un administrador rico de entre los ortodoxos y le dijo: tú eres un buen maestro; ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le dijo: ¿por qué me llamas buen hombre? Buen hombre es sólo el padre. Y si quieres conservar la vida, cumple los mandamientos. El administrados dice: hay muchos mandamientos, ¿qué mandamientos hay que cumplir? Y Jesús dice: no mates, no vagues, no robes, no mientas y respeta a tu Padre, cumple su voluntad y ama al prójimo como si fueras tú. Y el jefe ortodoxo dice: yo cumplo todos estos mandamientos desde la infancia y yo pregunto: ¿qué más hay que hacer según tu doctrina? Jesús le miró, miró su rico traje, se rió y dice: tú no has hecho una cosa pequeña: no has cumplido lo que dices. Si quieres cumplir estos mandamientos: no mates, no vagues, no robes y no mientas y el mandamiento principal – ama al prójimo como si fueras tú-, pues vende ahora tu hacienda y repártela entre los pobres, entonces cumplirás la voluntad del padre. Al escuchar esto el jefe ensombreció y se alejó, pues le daba lástima perder su hacienda. Y Jesús le dijo a los discípulos: ya ven que no se puede ser rico y cumplir la voluntad del padre. Los discípulos se horrorizaron por estas palabras. Y Jesús otra vez repitió y dijo: sí, niños, el que tiene su hacienda no puede estar en la voluntad del Padre. Es más posible que un camello pase por el orificio de una aguja que un rico cumpla la voluntad del Padre.

Y aunque ellos se horrorizaron dijeron: ¿cómo vamos a conservar nuestra vida después de eso? Y Jesús dice: la persona cree que no se puede conservar la vida sin riquezas, pero Dios cuida la vida del hombre sin tener riquezas.

Una vez iba Jesús a través de la ciudad de Jericó. En esta ciudad había un jefe rentista rico llamado Zaqueo. Este Zaqueo había oído sobre la doctrina de Jesús y creyó en ella. Y cuando se enteró que Jesús estaba en Jericó, él quiso verle. Alrededor de Jesús había tanta gente que era casi imposible abrirse paso hasta él, pues Zaqueo era de pequeña estatura. Entonces avanzó adelante y se subió en un árbol para ver a Jesús cuando éste pasara por al lado del árbol. (Issued for zolausa.info). Y exactamente, al pasar por al lado del árbol, Jesús lo vio y, al enterarse de que Zaqueo creía en su doctrina, le dijo: bájate del árbol y ve a casa, que yo iré a visitarte. Zaqueo se bajó del árbol, corrió a su casa, se preparó a recibir a Jesús y le recibió con alegría. La gente comenzó a emitir sus juicios y decir que Jesús fue a casa del rentista, del sinvergüenza. Mientras tanto Zaqueo le dijo a Jesús: he aquí, señor, lo que yo haré: le daré la mitad de la hacienda a los pobres, y con la otra mitad pagaré cuatro veces a aquellos que yo ofendí. Y Jesús le dijo: tú te has salvado, estabas muerto y ahora estás vivo, te habías perdido y ahora te has encontrado, porque tú has hecho lo mismo que Abrahán cuando el quería apuñalar a su hijo, enseñaste tu fe. Pues en eso consiste toda la vida de la persona, en buscar y salvar en el alma lo que muere.

La víctima no se puede medir con su magnitud. Sucedió una vez que Jesús con sus discípulos estaba sentado frente a una jarra. En la jarra la gente ponía sus bienes para Dios. Y se acercaban a la jarra los ricos y ponían mucho. Y se acercó una pobre viuda y puso dos cuartos de copeca. Y Jesús la señaló y le dijo a los discípulos: ven ustedes, que esta pobre viuda puso dos cuartos de copeca, pues bien, ella puso más que los demás, pues los otros pusieron lo que no necesitaban para la vida, mientras que la viuda puso todo lo que tenía.

Sucedió una vez que Jesús estuvo en casa de Simón el costroso. Y entró una mujer en la casa. Esta mujer tenía un cántaro con aceite virgen que costaba trescientos rublos. Jesús les dijo a sus discípulos que su muerte estaba muy cercana. Al escuchar esto, la mujer sintió lástima por Jesús y quiso mostrar su amor por él y le untó aceite en su cabeza, olvidándose de lo costaba el aceite, y rompió todo el cántaro, le untó la cabeza y los pies, y derramó el aceite. Y comenzaron los discípulos a comentar que la mujer había cometido una tontería. Y Judas, aquel que después entregó a Jesús, dijo: cuanta riqueza se ha perdido en vano. Se podía haber vendido el aceite por trescientos rublos y agasajar a muchos pobres. Y comenzaron los discípulos a reprochar a la mujer y ella se ruborizó sin saber si había hecho bien o mal. Entonces Jesús les dijo: en balde ustedes desconciertan a la mujer, pues ella realmente hizo el bien. Y en balde citan a los pobres. Si quieren hacer el bien a los pobres, háganlo, siempre hay pobres. ¿Para qué hablar de ellos? Si ustedes les tienen lástima a los pobres, vayan y ténganles lástima y hagan el bien. Esa mujer se compadeció conmigo e hizo un bien real, pues me dio todo lo que ella tenía. ¿Quién de ustedes sabe lo que es necesario y lo que no es? ¿De dónde saben ustedes que no había que ponerme aceite? Ella vertió el aceite sobre mí y eso era necesario aunque sea, para preparar mi cuerpo para mi entierro.

Ella verdaderamente cumplió la voluntad del Padre: se olvidó de sí y mostró compasión por otro, se olvidó de las ventajas carnales y dio todo lo que tenía. Y Jesús dijo: mi doctrina es el cumplimiento de la voluntad de Dios. La voluntad de Dios se cumple con hechos y no con palabras. Si un hijo a las órdenes del padre dice: escucho, escucho y no hace lo que ordena el padre, con las palabras no cumple la voluntad del padre. Y si otro hijo dice que no escuchará, pero después va y cumple la orden del padre, entonces quiere decir que está cumpliendo la voluntad del padre. Así es con las personas: el que habla, el que sólo dice que está en la voluntad del Padre, no es el que realmente lo está. Aquel que hace lo que quiere el Padre, es el que cumple su voluntad.
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