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El hombre vive una vida espiritual encarnada

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Опубликовано: 533 дня назад (7 мая 2016)
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Si el hombre vive una vida encarnada muere como cualquiera carne. Si el hombre vive una vida espiritual, entonces vivirá una vida verdadera: cada hombre conoce la vida verdadera, pero la carne lo seduce.

Cuídense de la seducción. Pues para ti es mejor que muera una articulación tuya, a que muera todo el cuerpo. Es mejor perder una alegría efímera que la vida verdadera. La vida verdadera nos está dada a nosotros y todos nosotros la conocemos, pero la mentira carnal nos confunde.

Una vez llevaron a unos niños a donde Cristo para que estuvieran con él. Pero los discípulos empezaron a separarlos, diciendo: ¿qué tiene que hacer nuestro maestro con tontos rapacillos? Jesús dándose cuenta de que los discípulos no consideraban nada a los rapacillos y les separaban, se entristeció por la actitud de los discípulos y dijo: en vano ustedes separan a los niños así, ellos son las mejores personas, pues los niños viven según la voluntad de Dios. Ellos posiblemente ya estén en el reino de Dios. No tienen que separarlos, hay que aprender de ellos, pues para vivir en la voluntad de Dios hay que vivir como viven los niños. Los niños siempre cumplen las cinco reglas que yo les di a ustedes: los niños no blasfeman, no se enfadan con las personas, no yerran, no juran por nada, no se resisten al mal, no se juzgan con nadie, los niños no saben lo que es diferenciar entre su pueblo y un pueblo ajeno y no hacen la guerra. Los niños cumplen las cinco reglas y por eso son mejores que los adultos y están en el reino de Dios. Si ustedes no dejan todas las mentiras carnales y no se conducen como los niños, ustedes no estarán en el reino de Dios. Sólo el que comprende que los niños son mejores que nosotros ya que ellos no violan la ley de Dios, sólo ese comprende mi enseñanza, sólo ése comprende a Dios. Nosotros no debemos despreciar a los niños, pues ellos son mejores que nosotros y sus almas son inocentes ante Dios y siempre están con Dios. Todos ellos son gentiles y caritativos. Y ni un solo niño morirá por la voluntad de Dios; todos mueren de manos de la gente, pues la gente los separa del bien. Y por eso hay que cuidarlos y no hay que separarlos del Padre y de la vida verdadera. Y hace muy mal aquel hombre que los separa de la pureza. Separar al niño del bien, seducirlo con la ira, con la lujuria, el juramento o la guerra es tan malo como colgarle una muela de molino en el cuello a ese niño y tirarlo al agua; es difícil que flote y lo más posible es que se hunda. Pues así de difícil es que el niño se libere de la seducción a la que es conducido por un adulto.

El mundo de la gente es infeliz sólo por la tentación. En el mundo siempre ha habido y habrá tentaciones, y el hombre precisamente muere por la tentación. Y por eso entrégalo todo, sacrifícalo todo para no caer en la tentación. La zorra cae en el grillete, le da vuelta a la pata y se escapa; la pata sana y la zorra queda viva. Pues haz lo mismo, sacrifícalo todo para no caer en la tentación. Las tentaciones están tendidas contra las cinco reglas y hay que luchar contra éstas y cuidarse de ellas. Cuídense. (Issued for zolausa.info). He aquí un tropiezo contra la primera regla: no enojarse. No preguntes cuántas veces hay que perdonar al hermano; no pienses que se puede personar siete veces y después hay que vengarse. No perdones sólo siete veces, sino setenta veces siete y perdona otra vez.

Por eso he aquí en qué se puede emplear el reino de Dios. Una vez el rey comenzó a tomar en consideración a sus campesinos tributarios. Y le trajeron a él a un campesino tributario que debía un millón de rublos. Pero el campesino no tenía con qué pagar. Y el rey debía de haber vendido toda la hacienda del campesino, su esposa, los hijos y a él mismo. Pero el campesino le pidió piedad al rey. El rey lo perdonó a él y le perdonó toda la deuda. Y después el campesino regresó a su casa y se encontró con un campesino que le debía 50 copecas, lo cogió y empezó a estrangularlo y le decía: devuélveme lo que me debes. Y el campesino se arrodilló ante él y le dijo: ten piedad conmigo, te lo daré todo. Pero el campesino tributario no lo perdonó, le encerró hasta que no le devolviera la deuda. Otros campesinos al ver esto, fueron a donde el rey y le contaron lo que había hecho el campesino tributario. Entonces el rey lo llamó y le dijo: perro cruel, yo te perdoné todo el tributo porque me habías pedido piedad. Y tú debías de haber perdonado a tu deudor por el hecho de que yo te había perdonado. Y se encolerizó el rey y lo entregó a que lo torturaran hasta que no le devolviera todo el tributo. Pues así hará el Padre Dios con todos ustedes si no perdonan de todo corazón a todos aquellos que son culpables ante ustedes.

Si a ti te ofende una persona, recuerda que él es hijo de un Padre Dios y hermano tuyo. Si él te ofendió ve y llámalo a la conciencia en privado. Si te escucha, entonces lo has logrado, tendrán un nuevo hermano. Si no te escucha, entonces llámalo a conciencia y lleva consigo a dos o a tres personas, para que ellas lo convenzan. Si no escucha, dile a la reunión que si él no lo escucha, él será ajeno a esta: entonces perdónalo y no mantengas con él relaciones.

En efecto tú sabes que si comienza una discusión con una persona, es mejor hacer las paces y no dilatar el asunto hasta ir a los tribunales. Tú lo sabes y lo haces así por que sabes que si vas a los tribunales perderás más. Y así es con cualquier pelea: si sabes que es malo y te llevará a la situación cuando se te separa de Dios, pues aclárate con el mal y haz las paces con ese que has reñido. En efecto, ustedes saben que en cuanto te ates a la tierra, así será con Dios, y cuando te ates a la tierra, estarás atado ante Dios Y así ustedes mismos comprenderán que si dos o tres personas coinciden en la tierra en todos los asuntos, entonces conseguirán de su Dios todo lo que le pidan, pues donde dos o tres personas están unidas por mi doctrina, ellos la cumplen.

Cuídense de los obstáculos contra la segunda regla: no yerren. Una vez se acercaron a Jesús unos pastores impostores quienes, tirándole de la lengua, le preguntaron: ¿puede un hombre dejar a su mujer? Y él dijo: desde el mismo inicio el hombre fue creado por un varón y una hembra, esta es la ley natural. Y por eso el hombre deja al padre y a la madre y se pega a la mujer; el marido y la mujer se funden en un todo. Por eso el hombre no debe violar lo natural, la ley de Dios, y separar lo que ya está unido. Y si según la ley de Moisés se puede dejar a la mujer, pues esto no es verdad; según la ley natural esto no es así. Y yo les digo a ustedes; que el que abandona a la mujer, la induce al libertinaje, así como a aquel que se ligue a ella. Y los discípulos le dijeron a Jesús: si hay que mantenerse con la mujer que una vez elegiste y no puedes dejarla, pues esto es tan difícil que es mejor no casarse nunca. Él les dijo a ellos: uno puede no casarse, pero hay que comprender qué es lo que significa esto. Si alguien quiere vivir sin mujer, hay que ser totalmente puro y no toques a las mujeres. Hay gente a las que no les gustan las mujeres, pero cuando te gusten las mujeres, entonces lígate con una mujer, no la abandones y no mires a otras.

Cuídense. He aquí el obstáculo contra la tercera regla: no le prometa nada a nadie. Los pastores impostores andan por ahí e inducen a la gente a jurar que la gente es fiel a la ley y a los jefes. Pero con esto ellos sólo pervierten al pueblo. No se puede prometer con el cuerpo por su alma. En su alma está Dios y por eso la gente no puede prometer a otra gente en nombre de Dios.

Y se acercaron una vez a Pedro los recolectadores de tributos y le preguntaron: ¿qué, el maestro suyo no paga tributos? Pedro dijo: no, no paga. Y entonces fue a donde Jesús y le contó que le habían detenido para decirle que todos estaban obligados a pagar tributos. Entonces Jesús le dijo: el rey no cobra tributos a sus hijos y, excepto el rey, ellos no están obligados a pagarle a nadie. ¿No es así? Pues bien, con nosotros es igual. Si somos hijos de Dios, entonces no tenemos ninguna obligación, excepto con Dios, y somos libres ante todos. Nosotros no estamos obligados a nada, pero si a ti te exigen un tributo, entrégalo, pero no porque tú estés obligado, sino porque no puedes resistirte al mal. Y si a ti te tiran del caftán, entrégale tu camisa.

Otra vez unos pastores se reunieron con los funcionarios del rey y fueron a donde Jesús para atraparlo con sus propias palabras: Ellos le dijeron a él: tú enseñas a todo con la verdad; dímenos si nosotros estamos obligados o no a pagar tributo al rey. Jesús se dio cuenta de que ellos querían condenarle por hacer resistencia al juramento al rey. Ellos le enseñaron una moneda. Él la miró y dijo: ¿qué es esto, de quien es esta cara y de quién es esta firma? Ellos dijeron: del rey. Él les dijo: denle al rey lo que les pertenece y lo que pertenece, a Dios, entréguenselo a él y no le entreguen el alma a nadie. El dinero, las propiedades, tu trabajo, entrégalo todo a quien se lo pida., pero no le entreguen el alma a nadie, excepto Dios. Y no prometa nada a nadie porque todo está en manos de Dios y el alma propia entréguensela sólo a Dios.

Cuídense. He aquí el obstáculo contra el cuarto mandamiento: no juzgues y no serás juzgado. Una vez los discípulos de Jesús entraron en una aldea y pidieron que les dejaran pernoctar. No los dejaron. Entonces los discípulos fueron a ver a Jesús para quejarse de esto y le dijeron: ¡ojalá que los mate el trueno por eso! Jesús les dijo: ¡ustedes no comprenden de qué alma son ustedes! Yo no les enseño a arruinar sino a salvar. Una vez llevaron a Jesús a una mujer y le dijeron: esta mujer ha sido capturada en lujuria. Y por la ley hay que apedrearle. ¿Y tú que dices? Jesús no decía nada y esperaba qué iban a decidir. Pero ellos le abordaban y le preguntaban qué sentencia impondría a esa mujer. Entonces él dijo: aquel de ustedes que no haya cometido ningún error, será el primero en tirarle una piedra y no dijo nada más. Entonces los fariseos se miraron unos a los otros, la conciencia les reprochó y los primeros empezaron a esconderse detrás de los últimos, después se fueron todos de ahí. Y se quedó Jesús sólo con la mujer. El miró hacia atrás y vio que no había nadie. Bueno, dijo, ¿nadie te acusó? Ella dijo: nadie. Y él dijo: no puedo acusarte. Márchate y no te equivoques. Por muy fehaciente, por muy malo que sea el hecho, nadie tiene derecho a acusarte por él. Sólo te puede acusar aquel que no haya cometido un error, pero acusar es ya un error de por sí.

Una vez vino un hombre a ver a Jesús y le dijo: le han ordenado a mi hermano que me entregue su herencia. Jesús le dijo: nadie me ha puesto para que yo les juzgue a ustedes. Y yo no juzgo a nadie. Y ustedes no pueden juzgar a nadie.

Cuídense. He aquí el obstáculo contra la quinta regla: no ha pueblos diferentes. Todas las personas son hermanas, hijos de un Padre Dios. Un fuerista quiso tentar a Jesús y le dijo: -¿qué debo hacer para conseguir la vida real? Jesús le dijo: tú lo sabes. Tienes que amar a tu Padre Dios y a tu hermano paterno por parte de Dios, independientemente de que fuera él coterráneo. Y el bibliógrafo dijo: no estaría mal si no hubiera representantes de pueblos diferentes, pues ¿cómo voy entonces a amar a los enemigos de mi pueblo? Y Jesús le dijo: había un hebreo. El cayó en la desgracia: le agolparon, asaltaron y lo abandonaron en el camino. Pasaba un sacerdote judío, vio al agolpado y siguió de largo. Pasó por su lado un judío levita, miró al agolpado y siguió de largo también. Pasó de largo también un hombre del pueblo ajeno enemigo, un samaritano. Este vio al judío y no pensó que los judíos no consideraban nada a los samaritanos y le dio lástima con el judío agolpado, lo lavó: le vendó las heridas, lo llevó a un hotel en su burro, pagó por él el hospedaje y le prometió pasar otra vez por el hotel para pagar por él. Pues bien, haga lo mismo con los pueblos ajenos, con aquellos que no te consideren en nada y te arruinan; entonces recibirás la vida verdadera. Entonces Jesús dijo: el mundo de las tentaciones aúna a los suyos, pero odia a los de Dios y por eso la gente del mundo, los sacerdotes, los dogmáticos, los jefes, van a torturar a aquellos que van a cumplir la ley de Dios. Y si yo voy a Jerusalén me van a torturar y me matarán, pero mi alma no se puede matar, estará viva.

Al escuchar que Jesús sería torturado y matado en Jerusalén, Pedro se entristeció, tomó por la mano a Jesús y le dijo: si es así mejor que no vayas a Jerusalén. Entones Jesús le dijo a Pedro: no digas eso. Lo que tú dices es una tentación. Si tú temes por que me torturen y maten, entonces eso quiere decir que tú no piensas en lo divino, en lo espiritual, sino que piensas sobre lo humano. Al que vive con la luz de la comprensión no le pasará nada malo, pues él siempre está en la luz; sólo pasará algo malo con el que salga de la luz de la verdad y entre en la oscuridad de la tentación carnal.

Y al llamar a la gente y a los discípulos, Jesús dijo: aquel que quiera vivir con arreglo a mi doctrina, pues que renuncie a la vida carnal y que esté listo a pasar por todos los sufrimientos carnales y el que ignore la vida carnal, entonces salvará la vida verdadera. Y él les dijo; además, que si matan a una persona que vive con la comprensión, entonces esta no morirá, vivirá.

Y ellos no comprendían esto. Y entonces se acercaron los saduceos y ellos explicaron a todos con Dios y la resurrección de entre los muertos. Los saduceos dijeron que después de la muerte carnal ya no hay ninguna vida. Ellos dijeron: ¿y cómo se puede resucitar de entre los muertos? Si todos hubieran resucitado, estos resucitados no pudieran vivir juntos. Por ejemplo, tenían ustedes siete hermanos. El primero se casó y murió La mujer se casó con el segundo hermano y este se murió; después ella se casó con el tercero y este murió también y así sucesivamente hasta el séptimo. ¿Y entonces cómo estos siete hermanos iban a vivir con una mujer si todos resucitaban?

Jesús les dijo: ustedes se equivocan premeditadamente es que no comprenden dónde está Dios y en qué consiste la vida después de la muerte. La gente en esta vida se casa. Los que se merecen la vida después de la muerte carnal no se casan, porque ellos no tienen por qué continuar su vida en otros, ellos mismos nunca mueren porque se unen con Dios quien les convirtió en hijos propios. Dios dijo en su escritura: yo soy el Dios de Abrahán y Jakobo. Esto lo dijo Dios después que Avaam y Jakob habían muerto para la gente. Entonces resulta que aquellos que han muerto para la gente están vivos para Dios. Si Dios existe y Dios no muere, entonces aquellos que están Dios siempre vivirán.

El restablecimiento después de la muerte significa la vida en Dios. La vida en Dios es el cumplimiento de la voluntad de Dios en la vida carnal. Quien cumple la voluntad de Dios se unirá a Dios. Para Dios el tiempo no existe y por eso, al unirse con Dios, la persona abandona el tiempo, por consiguiente, abandona la muerte.

Al escuchar esto, los pastores ya no sabían que inventar para hacer que callara y se unieron a los mundanos y juntos comenzaron a hacerle preguntas a Jesús. Y uno de ellos, un pastor, dijo: ¡Maestro! ¿Cuál es, a tu entender, el mandamiento principal en toda la ley? Los pastores pensaban que Jesús se iba a enredar en la respuesta sobre la ley. Pero Jesús dijo: el principal es aquel que dice que hay que amar a Dios, a aquel Dios en cuyo poder nos encontramos, con toda el alma. El segundo sale del primero. Hay que amar al prójimo como si fuera Dios. Estos dos mandamientos contienen todo lo que está escrito en sus libros.

Y Jesús dijo además: ¿A su entender, qué es Cristo? ¿Es hijo de alguien? Ellos dijeron que pensaban que Cristo era hijo de David. Entonces él les dijo: ¿Cómo es que David se dirige a Cristo denominándole de señor? Cristo no es hijo de David y no es hijo de nadie, pero Cristo es aquel mismo señor, nuestro soberano, nuestro señor que nosotros conocemos dentro de sí al igual que nuestra propia vida. Cristo es aquel entendimiento que está dentro de nosotros. Después no le preguntaron nada más.

Y Jesús dijo: miren, cuídense del fermento de los pastores impostores. Cuídense del fermento mundano y del fermento real. Pero ante todo, cuídense de las enseñanzas de los sabios impostores. Cuídense de ellos porque ellos ocuparon el lugar del profeta que anunció al pueblo la voluntad de Dios. Ellos usurparon el poder de predicar al pueblo la voluntad de Dios de un modo arbitrario. Ellos predican las palabras y no hacen nada. Y resultó que ellos sólo dicen: haga esto, haga lo otro, pero no hay nada que hacer, pues ellos no hacen nada bueno y sólo hablan. Y ellos dicen sólo lo que no se puede hacer y ellos mismos no hacen nada. Sólo intentan retener el derecho de enseñar y para ello intentan ostentar: se visten bien, se celebran. Y por eso sepan que nadie debe llamarse maestro o pastor. El maestro, el pastor y el señor nuestro es uno solo. Y los pastores se llaman maestros y de este modo nos impiden entrar en el reino de Dios, pero ellos tampoco entran. Estos pastores piensan que se puede traer a Dios con ceremonias superficiales, con juramentos y, como ciegos, no ven que lo superficial no tiene ninguna importancia., que todo está dentro del alma de la persona. Ellos hacen lo más fácil, lo superficial y lo que hace falta, lo que es difícil, el amor, la piedad, la verdad, lo detienen. Ellos sólo necesitan estar en la ley superficialmente y traer a otros superficialmente a la ley. Y por eso ellos son como ataúdes pintados, por fuera parecen limpios y por dentro son un asco. Ellos también tienen respeto exterior hacia los santos. Ellos al igual que antes, siguen siendo enemigos de todo lo bueno. Todo el mal en el mundo proviene de ellos, pues ellos ocultan el bien y en lugar del bien exponen el mal. A lo más que hay que tener miedo es a los pastores impostores, pues ustedes mismos saben que cualquier error se puede arreglar, pero si la gente se equivoca en que hay bien, este error no se puede corregir. Y esto es lo que hacen los pastores impostores.

Y Jesús dijo: yo quería aquí en Jerusalén unir a la toda la gente en una sola comprensión del bien verdadero, pero exteriormente la gente sólo sabe ajusticiar a los maestros del bien. Y por eso ellos seguirán siendo ateos, tales como eran, y no conocerán a Dios hasta que no acepten con amor la enseñanza de Dios. Y Jesús salió del templo. Entonces sus discípulos le dijeron: bueno, ¿y qué será de este templo de Dios con todas las joyas que la gente traía para Dios? Y Jesús dijo: digo con toda seguridad que este templo con todas sus joyas se destruirá y no quedará nada de él. Hay un templo de Dios, es el corazón de la gente, cuando se aman unos a los otros.

Y entonces le preguntaron ellos cuándo habrá un templo así. Y Jesús les dijo: no será muy pronto. Mucho tiempo la gente será engañada con mi enseñanza y habrá por eso guerras e indignaciones. Y habrá una gran arbitrariedad, y habrá poco amor. Pero cuando la enseñanza verdadera se propague por toda la gente, entonces se pondrá fin a todo el mal y a toda tentación.
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“Cristo en el desierto”, de Ivan Kramskoy. El Evangelio.
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